
A la hora de tocar aspectos mecánicos de nuestros coches, es inevitable no lidiar con tornillos. Ya sea para desmontar cualquier pieza o para realizar muchas operaciones de mantenimiento muy típicas y esenciales. Si nuestro coche tiene ya unos cuantos años a sus espaldas, es muy fácil que lo que parecía que iba a ser una operación de cinco minutos, se prolongue durante horas.
Cuanto más años tenga el tornillo o en general, el coche que alberga dicho tornillo en su apartado mecánico, más posibilidades tenemos de que nos encontremos por ejemplo, el tornillo agarrotado, o que nos cueste mucho desmontarlo, o incluso, en el peor de los casos, que se parta quitándolo (y no necesariamente ha de ser por culpa nuestra). Algo que implicaría realizar o bien un helicoil (rehacer la rosca con el mismo paso taladrando previamente, algo para lo que hay que tener buena mano para hacerlo correctamente) o algo más sencillito, que es agrandar el paso y con un macho rehacer la rosca, si bien no se quedará con el mismo paso, y si nos gustan las cosas bien hechas al 100%, lo correcto es dejarlo con el mismo paso que de fábrica, para, entre otras cosas, poder reutilizar el mismo tornillo, o en caso de que se nos haya roto, comprar uno de sustitución en la casa oficial.
Ahora te voy a dar una serie de consejos que personalmente me funcionan (a veces con mayor, otras veces con menor éxito), a la hora de lidiar con los tornillos. Siempre hablando sobre tornillos con cabeza hexagonal, que es lo más común en nuestros coches.










Lo más leido