
Los amantes de los coches italianos siempre suelen ser exigentes, mirando más allá del consumo o de las encuestas de fiabilidad, porque al que le gusta un coche italiano, sea Fiat, sea Alfa o Lancia, no le importan todas esas cosas, lo único que le importa es lo que transmite el coche.
Fiat supo aprovechar esta característica tan especial del perfil del comprador italiano y se puso manos a la obra, si bien este movimiento empezó a mediados de los años 80, siguiendo a la recién adquirida Alfa Romeo, la tomó de ejemplo, creando, entre otros, el Fiat Punto GT, del cuál os hablamos a continuación.



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