Motor, competición y nuevos lanzamientos

El éxito del Opel Adam no es el esperado (al menos, de momento)

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Opel ha experimentado un enorme cambio durante el último lustro, a mejor. Para ello, sólo hay que ver la gama con la que cuenta en la actualidad y compararla con la que contaba hasta no hace muchos años. La gama actual resulta bastante completa, tanto en términos de diversidad de modelos como de acabados y equipamiento, y la respuesta del mercado puede dar fe de que desde Rüsselsheim han hecho los deberes como corresponde.

Sin embargo, el Adam, un lanzamiento ciertamente bastante arriesgado: en primer lugar, por entrar en un segmento con un nicho de mercado muy específico, que es el segmento A, pero que a diferencia del Corsa (por proximidad en la gama), el Adam tiene un tipo de target mucho más específico, que busca mayor distinción y una amplia capacidad de personalización. Y en segundo lugar, porque ya existen numerosos rivales de enfoque parecido con varios años de asentamiento en el mercado y de reconocido éxito, algo contra lo que no es nada fácil pelear.

Un duro escenario para el Adam

Y sin entrar a valorar las virtudes de sus rivales y las del Adam, lo cierto es que la gran mayoría de sus rivales cuentan con un abanico más amplio de variantes (por ejemplo, a cielo descubierto), además de una gama de propulsores más completa, incluyendo tanto propulsores diésel -no disponibles hasta la fecha en el Adam- y propulsores de enfoque más deportivo -algo que se debería solventar con el hipotético Adam OPC-. Naturalmente, este mayor abanico de elección, amplía también las posibilidades de expansión por el mercado.

El caso es que el Adam, por el momento, no está logrando el éxito esperado. Las previsiones de Opel pasaban por las 41.000 unidades durante los primeros siete meses del año, pero la realidad es que sólo ha logrado comercializar 27.214 unidades hasta la fecha. Un déficit muy considerable que les obiga a reducir la producción para adecuarse a la realidad, que la firma achaca a la crisis económica que atraviesa el viejo continente y que tan duramente está afectando a la industria del automóvil a nivel de ventas. El Corsa también sufre un recorte de producción, pero en su caso, está justificado porque está en su ciclo final de vida.

Aún no está claro el as que escondería el fabricante alemán bajo la manga, pero parece claro que una de las soluciones pasaría por la expansión hacia nuevos mercados donde en la actualidad no está presente, aprovechando la arquitectura comercial de otras marcas existentes dentro del mismo grupo automovilístico.

Vía: Automotive news

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