El mítico nombre británico regresa al mercado más de una década después, transformado en una firma propia nacida de la alianza entre JLR y Chery. Su primer adelanto es un vehículo de marcado carácter todoterreno que combina un diseño robusto inspirado en el modelo original con plataformas preparadas para la electrificación.
La nueva marca tiene el objetivo de lanzar hasta seis modelos distintos durante los próximos cinco años, ocupando el espacio de acceso que hasta ahora cubrían vehículos como el Land Rover Discovery Sport o el Range Rover Evoque. La producción arrancará en la fábrica que ambas compañías automovilísticas tienen en la ciudad china de Changshu. Su llegada a las calles está prevista para finales de este mismo año en el mercado asiático, aunque el plan estratégico contempla exportar la gama a Europa en una segunda fase entre los años 2027 y 2028.

A nivel visual, el Freelander Concept 97 transmite una enorme sensación de solidez mediante formas cuadradas y muy musculosas que recuerdan poderosamente al Defender actual. Este bloque compacto prescinde de los logotipos tradicionales en favor del nombre de la firma en gran tamaño, ubicándolo sobre un frontal carente de parrilla y con faros minimalistas. La carrocería destaca por sus prominentes protecciones inferiores y combina tonos grises o negros con colores como el Azul Glaciar y el Verde Mil Montañas, integrando además un claro guiño al tres puertas de 1997 con su pilar posterior cortado en diagonal.

Bajo esta carrocería de aspecto inquebrantable se esconde una evolución de la plataforma T1X de Chery, una base que emplean otros modelos como el Omoda 7 o el Jaecoo 7. Esta arquitectura apoyada en tecnología de 800 voltios permite alojar un sistema de propulsión cien por cien eléctrico, así como opciones híbridas enchufables o de autonomía extendida. El fabricante asegura verdaderas capacidades fuera del asfalto gracias a una generosa altura libre al suelo, un sistema de tracción total inteligente y ayudas específicas para la conducción en terrenos exigentes.

El acceso al habitáculo resulta peculiar gracias a unas puertas traseras de apertura invertida y la ausencia de pilar central, revelando un interior configurado para seis pasajeros donde la última fila imita el formato de un sofá. El puesto de conducción elimina el cuadro de instrumentos tradicional y lo sustituye por una pantalla alargada en la base del parabrisas, acompañada por un gran panel multimedia central que conserva botones físicos y dos mandos circulares en su base. El cerebro de este coche recurre a un chip Qualcomm Snapdragon 8397 y al sistema de conducción inteligente Qiankun ADS 4.1 de Huawei, completando el despliegue digital con una pantalla adicional que desciende desde el techo para las plazas posteriores.