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Prueba: Skoda Rapid Greenline 1.6 TDI 90 CV (diseño, habitáculo, mecánica)

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El año 2012 fue el elegido por Skoda para el lanzamiento del Rapid, una berlina compacta que resucita el nombre usado por Skoda en los años 80 para nombrar un coupé de dos puertas.

El actual Rapid nada tiene que ver con aquel coupé ochentero; ofrece una carrocería de tres cuerpos y cinco puertas que se sitúa un escalón por debajo del Octavia, ampliando la oferta de vehículos de la marca checa.

Su desarrollo se hizo conjuntamente con Seat, que lo comercializa bajo el nombre de Toledo, con leves cambios estéticos tanto interiores como exteriores. Ofrecen un espacio muy logrado, buenos acabados y un excelente maletero, lo que los convierte en una opción muy lógica para muchas familias.

La versión que nos ocupa es la denominada “Greenline”, que basa su filosofía en bajos consumos y emisiones. Lo logra gracias a un eficiente propulsor de 1,6 litros TDI, neumáticos de baja resistencia a la rodadura y sistema start&stop. ¿será tan ahorrador como dicen?

Diseño

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El diseño del Rapid está muy inspirado en el del Octavia, tanto que el ojo no entrenado podría llegar a confundirlos, aunque el Rapid sea 18 cm más corto y 11 cm más estrecho.

La presencia por lo general es buena, aunque desde Skoda podían haber optado por una estética diferenciada, que lo dotara de una personalidad propia. Pese a estar ante una versión más bien básica, el exterior ha sido muy cuidado, incluyendo elementos como los faros antiniebla y las molduras del color de la carrocería.

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La parte delantera destaca por sus grandes ópticas, separadas por una calandra de diseño vertical que incluye un logotipo de la versión escogida. La parte baja del paragolpes incluye una parrilla con entramado hexagonal que da paso a los faros antiniebla, también de gran tamaño.

De lado, nos encontramos con una carrocería de tres volúmenes y diseño sencillo, con una nervadura que sirve de unión entre las ópticas traseras y las delanteras. Las manetas son del color de la carrocería, y en nuestra unidad de pruebas iban montadas unas llantas de aleación de 15 pulgadas -365 euros-.

La zaga es fiel al resto del diseño, con líneas sencillas y unos pilotos que recuerdan demasiado a los del Octavia. La zona de la matrícula está hundida a modo de prisma, y en la parte baja del paragolpes observamos un pequeño difusor de color negro.

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Las dimensiones del Rapid son 4,48 metros de largo, 1,70 metros de ancho, 1,46 metros de largo, con una batalla de 2,60 metros.

La buena acogida que ha tenido el Rapid en nuestro país me ha permitido verlo en casi toda su gama de colores, y he de decir que el blanco Candy de nuestra unidad de pruebas no es precisamente el que mejor le queda.

Habitáculo

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Las líneas exteriores se han esculpido con la intención de ofrecer un gran habitáculo, y lo han conseguido. Todas las plazas son cómodas, con un gran espacio para las piernas y cabeza en las traseras.

El puesto de conducción es cómodo y práctico, con todos los controles a mano, muchos de ellos heredados de sus primos del grupo Volkswagen. La visibilidad es buena en todas las direcciones y hay multitud de huecos donde dejar pequeños objetos como el teléfono, las llaves o la cartera.

El volante tiene un tamaño y tacto perfectos, aunque carece de mandos para el sistema de audio y el control de crucero, que no está incluido en esta versión. El cuadro de instrumentos es de fácil lectura, y está complementado con una pantalla en su zona central que ofrece toda la información del ordenador de a bordo de una  forma sencilla y atractiva.

El resto de equipamiento interior incluye lo justo para el usuario medio, y se echan en falta ciertos elementos de confort como la regulación eléctrica de los espejos, los elevalunas eléctricos traseros, el reposabrazos o el climatizador automático.

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El diseño interior renuncia a las estridencias en favor de un ambiente agradable, espacioso y cuidado. Los materiales son de buena calidad y con ajustes propios de la marca. La estética sólo es rota por unas inserciones en salpicadero y volante, en color blanco piano, que le sientan bastante bien.

El punto fuerte de este coche lo encontramos levantando el portón trasero, que nos da paso a un impresionante maletero de 550 litros –ampliables hasta los 1490 litros-. La boca de carga es enorme, y el maletero es profundo y cuadrado, pensado para el equipaje de una familia entera.

Bajo la moqueta del maletero sigue habiendo bastante espacio, que han decidido dedicar para ofrecer huecos para guardar objetos y ubicar el kit reparador de pinchazos –no tiene rueda de repuesto-.

Mecánica

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La versión Greenline del Rapid se ofrece combinada con el motor de 4 cilindros diésel de 1,6 litros y 90 CV, que tienen como misión mover los 1.263 Kg de peso de este vehículo con un consumo lo más contenido posible.

Acelera de 0 a 100 en 12 segundos y tiene una velocidad máxima de 186 KM/H. No son unas prestaciones de infarto, pero a cambio ofrece un consumo mixto de tan sólo 3,8 litros a los 100.

En la segunda parte de la prueba hablaremos de los consumos reales del Rapid Greenline, pero ya os voy adelantando que al contrario que en otros vehículos, no difieren mucho de los homologados por la marca, lo que lo convierte en todo un mechero.

Gracias a su ridículo consumo , es capaz de estirar los 55 litros de su depósito de combustible hasta recorrer más de 1.200 Km sin necesidad de repostar.

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El cambio es manual de cinco velocidades, que tiene un manejo perfecto. El tacto de la palanca es bueno –como en todo el grupo Volkswagen-, y las transiciones entre marchas son cómodas y rápidas.

Dispone de frenos de disco en las cuatro ruedas que se defienden bastante bien para un coche que no ha sido concebido para las altas velocidades. La dirección es de asistencia electrohidráulica.

En la segunda entrega analizaremos el comportamiento del Rapid, sin olvidarnos de hacer un recorrido por su equipamiento –de serie y opcional- y precios. No te la pierdas.

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