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Prueba: Volkswagen Beetle Cabrio 1.4 TSI 160 CV R-Line (diseño, habitáculo, mecánica)

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Aunque el tiempo de estos últimos días no haya sido especialmente bueno, no hemos querido dejar pasar la oportunidad de probar uno de los descapotables más originales del mercado, capaz de hacernos olvidar el frío e invitarnos a circular con la capota quitada aunque el termómetro aconsejara otra cosa.

Como sabrás, estoy hablando del Volkswagen Beetle Cabrio, que en esta nueva generación vuelve a quitarse el sombrero para ofrecernos la interpretación moderna de unos de los automóviles más representativos de la historia. Para nuestra prueba hemos contado con un Beetle equipado con el motor de gasolina TSI de 160 CV y acabado R-Line, motor que en la actualidad ha sido sustituido por el TSI BMT, una versión más moderna que arroja 150 CV.

A lo largo de la prueba, que como siempre dividiremos en dos entregas, conoceremos todos los detalles de este original descapotable que a nadie deja indiferente.

Diseño

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El diseño es la baza más importante con la que cuenta este modelo, ya que como su predecesor, el New Beetle, han sabido traer a nuestros días la estética del mítico escarabajo. Como en todos los coches con una imágen tan personal cuenta con detractores y defensores, donde en vista de las reacciones de la gente a pie de calle van ganando los segundos, entre los que me incluyo.

Su expresiva mirada está protagonizada por unas contundentes ópticas redondas, que en esta generación cuentan con faros de xenón y una tira de LED que recorre parte de su perímetro y hace las funciones de luz diurna. El paragolpes recoge las luces intermitentes y las antiniebla, a ambos lados de una entrada de aire trapezoidal que ayuda a la refrigeración del radiador.

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La vista lateral nos sirve para apreciar su longitud de 4,27 metros, similar a la de un Golf aunque resulte imposible sacar el parecido de ambos. Sus dimensiones se completan con una anchura de 1,80 metros y una altura de 1,47 metros. La capota de lona consigue mantener las mismas proporciones que la versión cerrada, y está construida en un material resistente y duradero y con gran capacidad de aislamiento.

La versión R-Line incluye unas bonitas llantas de aleación bicolor que montan neumáticos con medida 235/45/R18. Resultan muy llamativos los prominentes arcos de las ruedas, que se traducen en unas aletas sobredimensionadas que también se han convertido en sello de identidad de este modelo.

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La parte trasera comienza con un alerón de tipo visera bajo el que figura el logotipo de la marca junto a la leyenda “volkswagen” o “escarabajo” según las preferencias del comprador. La zaga es la zona que más se desmarca de la anterior generación, ya que abandona los pilotos redondos por unos más angulosos que se extienden hasta la tapa del maletero. En esta versión se incluye una discreta salida de escape doble en un difusor deportivo con motivos verticales.

Habitáculo

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La primera impresión que me llevé al abrir el Beetle fue que es demasiado parecido al resto de la gama Volkswagen, y eso es algo que no me gusta. Zonas como los asientos, botoneras y parte del salpicadero son un calco de los que podemos encontrarnos en muchos otros coches de la firma alemana, algo que hace que se disipe parte de la originalidad que si consigue evocar el exterior.

A su favor hay que decir que la calidad percibida de todos sus ajustes y materiales es excelente, y que su habitabilidad está mucho más lograda de lo que pudiera parecer a primera vista. El puesto de conducción es muy agradable, tanto por la comodidad de los asientos –con la dureza justa- como por la disposición de todos sus elementos. En esta versión, la visibilidad hacia la zona trasera se ve comprometida cuando circulamos con la capota cerrada.

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A través del volante, de aro fino, se visualiza un cuadro de instrumentos dividido en tres esferas, para la velocidad, las revoluciones del motor y el nivel de combustible. En el interior de la esfera central se encuentra un pequeño display que nos ofrece un resumen de los datos más relevantes del vehículo. El resto de información se muestra a través de la pantalla táctil en el centro del salpicadero y en los relojes situados por encima, que ofrecen información sobre la temperatura del aceite, reloj/cronómetro y presión del turbo.

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Poco por debajo se encuentran los mandos del climatizador, que en la versión Cabrio tiene la peculiaridad de adaptar de forma automática su temperatura e intensidad cuando decidimos abrir la capota, memorizando nuestra última configuración. Como he dicho antes, la capota tiene un acabado de alta calidad, con un forro interior similar al de los techos convencionales, y fabricada en un material que aísla perfectamente del frío y de los ruidos. Una vez plegada la capota, esta se recoge en la zona trasera sin restar espacio del maletero, y puede ser cubierta con una funda algo engorrosa de colocar y que ocupa bastante espacio del maletero cuando circulamos con la capota cerrada. En la parte superior del maletero disponemos de un espacio donde guardar el paravientos cundo este no esté colocado.

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El espacio para los dos ocupantes de las plazas traseras es suficiente para acomodar a dos adultos, aunque el escaso espacio para las rodillas no es cómodo para realizar trayectos largos. El maletero tiene una capacidad de 225 litros, 85 menos que la versión cerrada, y alguno menos si, como en nuestra unidad, lleva montado le equipo de sonido Fender con subwoofer. El espacio no es muy aprovechable, en parte por la estrecha boca de carga que hace difícil introducir cargas voluminosas. Si necesitamos más espacio podemos optar por abatir los asientos traseros, pero en ese caso la superficie de carga no es plana, y el hueco entre el maletero y el habitáculo es bastante estrecho.

Mecánica

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Nuestra unidad montaba un bloque de cuatro cilindros gasolina turboalimentado de 1,4 litros, con una potencia de 160 CV a 5.800 RPM y un Par de 240 Nm entre las 1.500 y las 4.500 RPM. Esta configuración ha sido sustituida en la actualidad por un bloque de aluminio con 150 CV y 250 Nm que consigue bajar en un litro la cifra de consumo medio homologado, que en la versión probada es de 6,8 litros a los 100.

Estas cifras permiten al Beetle Cabrio acelerar de 0 a 100 en 8,6 segundos, y alcanzar una velocidad máxima de 206 km/h, unas cifras razonables para un coche de 1.350 kg de peso. La potencia es transmitida al eje delantero a través de una caja de cambios manual de 6 velocidades que como viene siendo habitual en la marca tiene un tacto realmente bueno.

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La suspensión tiene una configuración independiente de tipo McPherson en el eje delantero y un eje rígido para el trasero. Ambos cuentan con frenos de disco. La dirección es de asistencia eléctrica, y varía su dureza en función de la velocidad.

Este motor de gasolina es suave y silencioso, aunque el consumo medio final en comparación con sus prestaciones es algo elevado. Este apartado se ha mejorado con la nueva motorización, que incluye sistema start&stlop para las detenciones en ciudad. El apartado de consumos y comportamiento lo podremos analizar en profundidad en la segunda parte de la prueba, junto con el equipamiento tanto de serie como opcional.

Enlace: segunda parte de la prueba (equipamiento, comportamiento, conclusión)

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