Tras años de idas y venidas (especialmente tras las últimas declaraciones de Musk), una nueva filtración apunta al regreso del esperado coche asequible de la compañía estadounidense. Se trata de un SUV compacto que compartirá tecnología autónoma, pero mantendrá los mandos tradicionales para adaptarse a la legislación actual. Su objetivo es democratizar la movilidad eléctrica con un precio de derribo.
Dos años después de que se diera por cancelado el proyecto para priorizar los robots humanoides, informes recientes de la agencia Reuters confirman que la automovilística está replanteando su modelo de acceso. Este vehículo eléctrico, conocido internamente con el código «NV9», busca posicionarse como la opción más barata de su catálogo. La estrategia pasa por crear un producto de segmento B completamente nuevo, sin derivar del Model Y, para plantar cara a rivales como el BYD Atto 2 o el inminente VW ID Cross.
El futuro Tesla Model 2 seguirá las líneas maestras de diseño de la marca, aunque con unas cotas muy contenidas. Se trata de un SUV de 4,28 metros de largo concebido para albergar a cuatro ocupantes. Su desarrollo parte de una plataforma ideada para funcionar como vehículo autónomo a largo plazo, pero la compañía integrará un volante y pedales para poder comercializarlo en mercados como España, donde la regulación legal todavía prohíbe la circulación de coches totalmente independientes.
Para lograr una tarifa que se mueva entre los 25.000 y 30.000 euros, la simplificación mecánica será clave. La firma descartará las configuraciones de doble motor en favor de un sistema de propulsión sencillo. Esta decisión, unida a una batería más pequeña y al equipamiento básico, permitirá contener el peso en apenas 1,5 toneladas, una rebaja drástica frente a los 1.900 kilos de los que parte la versión estándar de su hermano mayor.
Pese a ese enfoque económico, el coche mantendrá unas cifras muy lógicas para el uso real. Con unos consumos presumiblemente bajos por su ligereza, ofrecerá entre 450 y 500 kilómetros de autonomía. A esto se suma el acceso pleno a la red de supercargadores y la tecnología de carga rápida, elementos que aseguran su viabilidad en desplazamientos largos.
El plan todavía se encuentra en una fase temprana, con contactos activos con proveedores para definir la cadena de producción. El ensamblaje inicial arrancará en la gigafactoría de Shanghái, dado el tirón de los eléctricos baratos en China, para luego expandir el montaje a las plantas de Estados Unidos y Europa. Las estimaciones apuntan a una presentación en 2027 y a un inicio de comercialización fijado, como mínimo, para el año 2028.
Vía: Reuters