58 años después, vuelve a entrar un coche importado de América en Cuba. ¿Cómo ha sido posible?

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Aunque con el nuevo escenario político recientemente acontecido en Estados Unidos, todavía hay incertidumbre respecto a cómo quedarán las relaciones con Cuba, lo cierto es que en este último lustro se han dado grandes pasos de cara a mejorarlas y negociar así el levantamiento del embargo.

Sin entrar en tejemanejes políticos, como sabrás, una de las peculiaridades de Cuba es, precisamente, que debido a dicho embargo su parque automovilístico es tan mágico como peculiar. Coches americanos de hace más de 50 años, que continúan funcionando a día de hoy y que debido a la falta de recambios, cuentan en su haber con todo tipo de soluciones de lo más inverosímiles para permitir, precisamente, que sigan funcionando.

Es por ello que ya el reciente test drive al que fueron invitados algunos medios para probar el Audi Q2 en La Habana (Cuba) dejó unas imágenes muy curiosas para la posteridad, algo que tampoco pasó inadvertido para isleños, que se quedaron ampliamente sorprendidos por dicho convoy.

Esto viene a ser más de lo mismo, pero con un modelo radicalmente diferente y que además, llega con el objetivo de quedarse, ya que se ha matriculado. ¿Quieres saber cuál es el primer coche americano en matricularse tras 58 años en Cuba? Un Infiniti Q60.

El director ejecutivo de diseño en Infiniti, Alfonso Abaisa, ha sido el artífice de que esto se haya podido llevar a cabo. Creció en Miami, puesto que sus padres tuvieron que huir de Cuba años antes de nacer, y gran parte de su familia es cubana, contando con personas de renombre como Max Borges Recio, un arquitecto cubano bastante conocido en los años 50 ya que fue el autor del Club Tropicana en La Habana o el club náutico. Y es que, Alfonso nunca había viajado a Cuba, y todo lo que conocía de su país y raíces era por fotos, así que visitarlo, recorrer la casa de sus abuelos maternos, así como otras propiedades y además de una manera tan especial como es a bordo de un Q60 ha sido una experiencia que le ha dejado  gratamente satisfecho.

Eso sí, llegar hasta aquí no ha sido un camino de rosas: el propio Alfonso admite que han necesitado de más de dos años para lograrlo, y que incluso a última hora, en la aduana cubana, surgieron algunos problemas de cara a su matriculación. El objetivo no es hacer negocios en Cuba, sino celebrar el acercamiento en las relaciones entre ambos países.

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