No es un Nissan GT-R… pero es difícil percatarse de que es una réplica

¿Tiene sentido hoy por hoy una réplica del Nissan GT-R R35 teniendo en cuenta los precios que actualmente tienen en el mercado de segunda mano? Lo cierto es que no. Sí que lo tienen -y mucho- las réplicas del R34 GT-R sobre la base del R34 GTT dado los precios astronómicos que ha alcanzado la variante más potente, pero no en este caso. ¿O sí?

El youtuber Chad Bee del canal CB Media nos ha mostrado este «Nissan GT-R» de su amigo Frank, ya que inicialmente publicó una imagen del vehículo en Instagram y generó mucho interés el hecho de que tuviera el motor cambiado por otro… sin caer en el detalle de que no era en realidad un GT-R.

Lo que ves en las imágenes es en realidad un Nissan Cefiro A31, una berlina de los años 80 que desde hace años es muy popular como vehículo de drift en Japón y en este caso Frank le ha adaptado los paneles de un GT-R R35 hasta lograr que su aspecto exterior sea prácticamente idéntico: paragolpes, capó, faros delanteros, pilotos traseros, tapón de combustible o labio delantero proceden de un GT-R real, mientras que el resto de paneles son en fibra hechos a medida por una compañía tailandesa.

 

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Bajo su capó, cuenta con el propulsor RB26 con el que sí que contaba el R34 GT-R, sin embargo, no cuenta con su sistema de tracción a las cuatro ruedas, puesto que está preparado para drift.

Ahora bien, vayamos a la pregunta que más esté retumbando en estos momentos en tu cabeza: ¿por qué una réplica y no comprar directamente el modelo original? Tiene una explicación (bastante razonable): Tailandia aplica un impuesto del 300% a las importaciones de todos los coches, por lo que el coste de un GT-R R35 se sitúa en torno a los 400.000 dólares, mientras que para esta réplica ha necesitado en torno a 50.000 dólares.

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