BMW parece no haber dado un paso atrás definitivo tras la polémica de los asientos calefactables. Con el lanzamiento del nuevo iX3, la firma bávara redobla su apuesta por el modelo de funciones bajo demanda, una estrategia que busca transformar la compra de un coche en un servicio de suscripción recurrente. Aunque la marca admite que el intento previo fue un error estratégico, el nuevo SUV eléctrico llega con una dotación tecnológica que, pese a estar físicamente presente en el vehículo, permanece bloqueada tras un muro de pago digital.
Desde un punto de vista técnico, el iX3 es una máquina sobresaliente que declara una potencia del motor de 345 kW, lo que se traduce en 463 CV. BMW asegura que no limitará el rendimiento dinámico ni la autonomía mediante software, defendiendo que el cliente debe recibir el máximo empuje del motor desde el primer día. Sin embargo, esta transparencia en las prestaciones puras contrasta con la gestión de otros componentes. Elementos como la cámara de visión de 360 grados, el asistente de luces de carretera o incluso la Suspensión Adaptativa M se integran ahora en el ecosistema ConnectedDrive como extras de pago posterior mediante suscripción, independientemente de que el hardware ya haya sido abonado indirectamente al comprar el vehículo.
La dirección de la compañía justifica esta decisión basándose en los costes operativos de la nube y el mantenimiento de los sistemas. Según Alexandra Landers, responsable de comunicación de producto, ofrecer sistemas de asistencia al conductor (ADAS) bajo suscripción permite al usuario decidir su uso años después de la compra, como ante un cambio de ruta laboral. No obstante, este argumento flaquea al aplicarse a funciones que no requieren conexión externa, como la citada cámara periférica. En mercados como el australiano, activar la suspensión adaptativa tiene un coste mensual de unos 20 euros, una cifra que pone de manifiesto la intención de la industria automovilística de generar ingresos recurrentes ante la menor necesidad de mantenimiento de los eléctricos.
Esta tendencia hacia el modelo de suscripción, habitual en el sector del software, genera una fricción evidente con la propiedad tradicional tan arraigada en automoción. Mientras BMW alcanzó un volumen de 388.897 coches en Norteamérica durante 2025, en lugares como Nueva York ya se intenta limitar estas prácticas, pero… ¿qué pasará en el resto del mundo? ¿cómo lo seguirán recibiendo sus clientes?





