Cambio de planes radical: el nuevo Nissan GT-R rechaza ser eléctrico, pero tiene «letra pequeña»

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Tras poner fin a la longeva generación R35, el esperado Nissan GT-R R36 descarta la electrificación total para apostar firmemente por un sistema de propulsión híbrido. La marca nipona prioriza el rendimiento continuado en circuito frente a las limitaciones de las baterías puras, garantizando así la supervivencia de su mítico bloque motor.

El debate sobre el futuro del modelo más prestacional de Nissan ha mantenido en vilo a los entusiastas, especialmente tras confirmarse el cese de producción del R35 en 2025 tras 18 años en activo. Esta decisión técnica supone un cambio de rumbo respecto a los planes previos de la compañía, que llegó a construir prototipos totalmente eléctricos de su deportivo estrella. Sin embargo, las pruebas reales demostraron que la tecnología no soporta la exigencia requerida: un coche alimentado exclusivamente por baterías agota su energía tras completar una sola vuelta a fondo en Nürburgring y requiere tiempos de recarga incompatibles con un uso realista en pista. Según los responsables del proyecto, ni siquiera el salto a las futuras baterías de estado sólido permite alcanzar el rendimiento dinámico que define a esta saga.

Cambio de planes radical: el nuevo Nissan GT-R rechaza ser eléctrico, pero tiene «letra pequeña»

Para conservar su carácter puro, la generación entrante empleará un chasis completamente nuevo que servirá de cuna para una evolución de su actual motor V6 biturbo de 3.5 litros. Lejos de desechar el bloque que tantas alegrías ha dado y que ha generado un culto similar al del histórico propulsor RB26, la marca rediseñará su parte superior. Los ingenieros modificarán elementos vitales como las culatas y los pistones para integrar la asistencia eléctrica, asegurando que el propulsor pueda cumplir con las estrictas normativas globales de emisiones al menos hasta el año 2032. Gracias a este aporte de energía adicional, se estima que el próximo modelo superará con facilidad la imponente barrera de los 800 CV.

El esquema definitivo de este conjunto sigue en evaluación, ya que la prioridad absoluta es lograr un equilibrio perfecto entre la densidad energética de las celdas y la siempre crítica gestión térmica. Aunque un planteamiento enchufable resulta atractivo sobre el papel, el formato híbrido convencional se perfila como la solución técnica más lógica para no penalizar el peso y aguantar largas tandas de circuito. En paralelo, la directiva de la marca automovilística mantiene lazos de trabajo con Honda, lo que abre una posibilidad industrial muy interesante: el codesarrollo de una plataforma compartida con el futuro sucesor del NSX. Esta sinergia permitiría mantener la rentabilidad del proyecto sin que ninguno de los dos modelos pierda su propia identidad, siguiendo el camino de otras alianzas donde se comparten componentes estructurales y motores.

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