El BMW i8 que todos deseábamos: alguien le ha metido el motor B58 y multiplicado su potencia

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Han pasado seis años desde que el último BMW i8 salió de la línea de montaje, dejando tras de sí una estética de superdeportivo que nunca llegó a estar respaldada por una mecánica a su altura. Ahora, un ambicioso busca corregir lo que muchos consideran el mayor error de la marca bávara en su historia reciente: sustituir su configuración híbrida original por el motor B58 de seis cilindros.

El i8 nació como un escaparate tecnológico de fibra de carbono y líneas futuristas, pero su sistema de propulsión basado en un bloque de tres cilindros y 1,5 litros dejó a los entusiastas con ganas de más. A pesar de que en su momento existieron prototipos de hidrógeno e incluso rumores sobre el uso del legendario motor V10 S85, la realidad comercial del modelo se limitó a una potencia combinada de 360 CV en su última actualización. Hoy, el preparador Trevor Elam, responsable de Bimmer Network, está rompiendo con ese legado mediante una transformación radical que promete alterar para siempre la esencia técnica del coche.

La pieza central de esta metamorfosis es el icónico motor B58 de 3,0 litros y seis cilindros en línea, extraído de un BMW 340i xDrive de 2017 accidentado. Este bloque, que en la berlina de serie entregaba 320 CV y unos 447 Nm de par, se está instalando bajo el capó delantero, justo en el espacio que antes ocupaba el motor eléctrico. Para lograr esta hazaña de ingeniería, se ha retirado por completo el paquete de baterías y el pequeño propulsor de gasolina trasero, creando el espacio necesario para un túnel de transmisión totalmente nuevo.

Instalar una mecánica de este calibre en un chasis que no fue diseñado para un motor de combustión delantero exige soluciones complejas, como la fabricación de subchasis personalizados desde cero. Los componentes originales ya han sido desmontados para dar paso a la nueva arquitectura, con el ambicioso objetivo final de alcanzar unos 700 CV directos a las ruedas. Esta cifra supone prácticamente duplicar el rendimiento de fábrica, transformando al deportivo alemán en una verdadera bestia de altas prestaciones.

Una de las mayores incógnitas de este proyecto es cómo afectará el peso del motor de seis cilindros al equilibrio dinámico y al manejo del vehículo. Para intentar compensar el reparto de masas, se planea reubicar los radiadores y el equipo de refrigeración auxiliar en la parte posterior del coche, aprovechando los huecos dejados por los componentes eléctricos salientes. El espacio central, donde antes se alojaba la batería del sistema híbrido enchufable, servirá ahora para albergar la transmisión y la caja de transferencia.

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