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Aquellos años locos del tuning en España

8a2b0ef2bbc45afad3a34e4e24e1888c9175b11d67a1e639425b7a7fa51c6906 CARLOS RODRíGUEZ 1 marzo 2014 5 minutos de lectura
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1 comentario

  1. Articulo muy bien redactado y muy bien explicado, así fue, ni mas ni menos.
    Yo fui uno de esos adolescentes que compraban esas revistas, y de echo tengo alguna para el recuerdo. Al principio, aquí había muchos coches con un aspecto de coche deportivo, radical. Eran preparaciones absurdas por los costes que suponían y lo que podías comprarte con ese dinero invertido, pero al menos las había bonitas, con aspecto de coche de rallyes. Esto duró poco, enseguida llegó el tuning barroco de los bacalas y pokeros, y el custom, inspirado en los coches americanos. Este me solía gustar bastante mas porque se centraba en las pinturas, acabados, llantas y suspensiones, Amalio fue un pionero en este tipo de tuning. Y en un pequeño reducto, estaba, y aún está, el German tuning, que era el que siempre consideraré el tuning de calidad, pues hacía de un coche alemán, un coche mas exclusivo, deportivo y elegante, con barras, llantas y gomas bonitas, separadores, partes alisadas, conversiones a biplaza, cambios de motor…

    Yo en aquella época ya me daba cuenta de que aquellas modificaciones eran absurdas, aunque las que imitaban mas o menos el estilo fast and furious y las german me gustaban bastante. Lo que admiraba mas bien era el trabajo de los chapistas, porque independientemente de los gustos, muchos hacían verdaderos milagros a base de paciencia y muchas horas de trabajo.
    Me alejé completamente de las transformaciones radicales cuando haciendo un curso de chapa y pintura en mi tiempo libre, empecé a ser verdaderamente consciente de lo que costaban las cosas, y las chapuzas que se hacían con masilla, fibra y poliuretano para conseguir hacer aquellas carrocerías que casi siempre iban ligadas a motores de acceso.

    Siempre recordaré a aquel gañán, que trasformó su Renault Laguna de prmera generación 3 veces, la última de ellas, intentando imitar con bastante éxito un Chrysler 300C y el tio, tan tranquilo reconocía que se había gastado en total el precio de dos 300c juntos, en un coche que no podía ni moverse.

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