Los comisarios de Spa empañan un Gran Premio histórico

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 Hamilton y Raikkonen

En 1968, Bruce McLaren cruzaba por primera vez el primero la línea de meta al acabar la última vuelta del Gran Premio belga a bordo de uno de sus coches. Cuarenta años después, ese privilegio recae en manos del piloto estrella de la escudería que aún hoy lleva su nombre: Lewis Hamilton. Tras ser adelantado por un Kimi Räikkönen que peleaba por no ser destronado en su circuito, el circuito donde hace años que se extiende su reinado, Lewis supo mantenerse muy cerca siempre del piloto finlandés, sabiendo que siempre sería bueno asegurar un segundo puesto, pero sin perder nunca la intención de poder “desmoralizar” a Kimi en una carrera que se le presentaba como último tren para revalidar su título mundial.

Pero a pocas vueltas del final de carrera, unas “cuatro” gotas de agua empezaron a animar la fiesta…  y Hamilton es un piloto que ha demostrado no achantarse ante condiciones húmedas, y lo ha demostrado tan pronto como Kimi ha levantado su pedal de acelerador: Lewis iba mucho más deprisa. El adelantamiento era inminente. Y vaya que si lo era… Tras salirse en la “remozada” chicanne de la parada del autobús (ya ni es parada ni es nada) para evitar una colisión con el Ferrari que tenía delante, ha vuelto a pista y ha dejado pasar a Kimi Räikkönen, que se ha visto cómo rebasaba totalmente el monoplaza plateado. Hamilton ha declarado lo siguiente, dando su punto de vista: “Estaba acelerando para no perder demasiado tiempo. No quería esperar hasta que me pasara porque él estaba todavía compitiendo. De repende le vi acelerando y pensé ‘vale, ya está bien’ así que empecé a hacerlo yo también, pero lentamente. No creo que estuviera acelerando a fondo, sólo estaba esperando a que él lo hiciera para poder adelantarle“.

La sanción viene impuesta por el provecho que Hamilton ha podido sacar con su maniobra de cogerle el rebufo a Kimi antes de llegar a La Source, donde le ha adelantado (y juraría que Kimi hasta le ha llegado a tocar).

Pero la carrera, ajena a posteriores investigaciones, seguía igual de emocionante, con un Hamilton que ya saboreaba el champán, y un Räikkönen que tenía en la boca el amargo sabor de la derrota. Kimi no se despegaba del británico demasiado, en una de sus salidas aprovechó el mayor radio de la curva para acelerar a fondo y reincorporarse como un obús, justo cogiéndole la aspiración a Hamilton (supongo que esto no es tomar ventaja de una salida). Finalmente el piloto finlandés consiguió adelantar al vigente líder del mundial, pero no aguantaría en cabeza mucho tiempo, porque en una de las muchas curvas del circuito Kimi perdió el control… y con su Ferrari dio un “beso” de despedida como rey al circuito. Hamilton ya sólo tenía que mantenerse en cabeza, no salirse y ser el primero en cruzar la línea de meta, como así ha sido.

Más de cinco vueltas trepidantes, en las que unos y otros hemos estado en plena tensión. ¿Quién dijo que en la F1 no había emoción?

Pero el mensaje que anunciaba la investigación del incidente entre los coches 1 y 22 “a toro pasado” era tan amenazador como las nubes negras del cielo, y así ha sido, después de sumar en su agenda personal dos puntos más, verse a 8 puntos de Felipe Massa, y a nada menos que 23 puntos de Kimi Räikkönen, la FIA emitía un comunicado en el que se decía que Hamilton era penalizado con 25 segundos por su maniobra. McLaren, por supuesto, ya ha hecho pública su decisión de apelar ante la corte Internacional de Apelación. Ferrari, por su parte, niega haber protestado por ningún incidente.

Ahora, si me permitís, quiero hacer un análisis más subjetivo de lo ocurrido. Hamilton, un piloto que se está jugando el mundial, y que actualmente es líder (incluso con la penalización), ha visto cómo todo su trabajo de las últimas vueltas, todos los riesgos que ha tenido que asumir, el esfuerzo, la tensión… no han servido sino para darle la victoria a su rival Felipe Massa. Kimi, por su parte, se va igual de “vacío” con o sin la sanción: apenas ya se juega nada, por mucho que matemáticamente pueda… es que ni con la sanción tiene la victoria. En mi opinión, alterar el resultado de una carrera es malo. Si es de las últimas carreras del mundial, es peor. Si se quita una victoria, todavía peor. Si además de quitarte una victoria se la das a tu rival inmediato en el mundial, es mucho peor. Y si encima ese piloto no ha hecho nada por ganar esa carrera, puesto que el problema ha venido por otro que ya ha abandonado… debe de escocer. Simplemente creo que esto repercute en el espectáculo. Quitar una pole duele mucho (y si no vayamos a Hungría 2007). Meter 10 puestos en una carrera, es difícil, pero hay que asumirlo (vámonos al pit-lane de Canadá). Un drive-through en un gran premio complica mucho las cosas, pero te puedes defender. Pero después, cuando ya todo está acabado, cuando ya ha pasado la carrera, se ha ganado, se ha hecho un trabajo fantástico, el público ha disfrutado, los fans y no fans que siguen este deporte han tenido un sabor de boca inmejorable al salir del circuito, al apagar sus televisores o en definitiva, al acabar la carrera, se han encontrado, mejor dicho, nos hemos encontrado con que a la FIA poco le importa todo esto.

Ya conocemos a la FIA, hasta ahora cebada en Fernando Alonso (sin ir más lejos, la ya comentada Hungría 2007, o diría que peor aún, la sanción de Monza 2006, cuando estorbó a Massa a ¡nada menos! que 2 segundos…), pero ahora parece que sin Alonso contra el que descargarse, el más cercano es Lewis Hamilton. Ya en Magny-Cours tuvo un problema similar con un drive through, una sanción dudosa, pero al menos alteró durante la carrera, no tirando por tierra todo el esfuerzo. Y a mí, y seguro que a muchos de vosotros, me viene a la cabeza en estos casos SIEMPRE Pedro de la Rosa hablando de su conversación con “Charlie”, en la que éste le decía que una chicanne puede saltarse las veces que sean necesarias. Ver para creer.

Yo, quizá iluso de mí, confío en que la apelación de McLaren salga adelante: al igual que me hubiera parecido vergonzoso que a Kimi Räikkönen le quitaran nada menos que su título mundial por la apelación desesperada que hizo McLaren en Brasil 2007, me parecería muy triste, muy negativo para este deporte, que Hamilton perdiera definitivamente su victoria. Creo que “arrebatar” algo logrado a posteriori (salvo casos extremos, como trampas mecánicas, etc…) no hace sino dañar la imagen de este deporte y alimentar las voces que, año tras año, con Alonso o con Hamilton, tachan a la organización de ser siempre excesivamente amiga de Ferrari.

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