Mazda MX-5 V6: el prototipo secreto de 200 CV que nunca vio la luz

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El Mazda MX-5 ha forjado su leyenda como el roadster más vendido del mundo gracias a su ligereza, equilibrio y precio, aunque siempre ha existido el debate sobre si necesitaba más potencia. Hace dos décadas, un grupo de ingenieros decidió resolver la duda instalando un motor V6 en un prototipo que se mantuvo oculto hasta hoy. Esta variante experimental buscaba explorar las capacidades del biplaza frente a rivales con mayores prestaciones, pero terminó siendo desestimada por razones técnicas y dinámicas.

Christian Schultze, director de investigación y operaciones de Mazda Europa, reveló recientemente que este experimento se produjo hace aproximadamente 20 años. En aquel momento, la industria automovilística vivía la transición de la segunda generación del modelo (NB) a la tercera (NC). Según el ejecutivo, los ingenieros construyeron el coche en su tiempo libre, movidos por el entusiasmo de ver hasta dónde podía llegar el sistema de propulsión del emblemático descapotable.

Mazda MX-5 V6: el prototipo secreto de 200 CV que nunca vio la luz

Bajo el capó de este prototipo se instaló un bloque 2.5 V6 atmosférico, perteneciente a la serie K de la firma japonesa, el cual se utilizaba en modelos como el Mazda 626 o el MX-6. La versión más prestacional de este motor, denominada KL-ZE y exclusiva de Japón, entregaba 203 CV y 224 Nm de par motor. Estas cifras suponían un salto notable frente a los 140 CV que ofrecía el MX-5 de serie en aquella época, prometiendo una entrega de potencia mucho más progresiva y una sonoridad superior.

Sin embargo, el proyecto se enfrentó a dos obstáculos insalvables que impidieron su llegada a la cadena de montaje. El primero fue el espacio físico bajo el capó, ya que el motor V6 era demasiado alto para el vano motor del coche. Esto obligaba a comprometer la ubicación de componentes esenciales y afectaba negativamente a la estética del conjunto, haciendo que el diseño final no resultara visualmente atractivo para los estándares de la marca.

El segundo inconveniente, y quizás el más crítico para la filosofía de la compañía, fue la ruptura del reparto de pesos. La instalación del bloque de seis cilindros añadía un lastre excesivo sobre el tren delantero, lo que alteraba el equilibrio dinámico que define al Mazda MX-5. Para corregir este comportamiento, los ingenieros habrían necesitado rediseñar por completo el chasis y la suspensión, lo que suponía un coste inasumible y alejaba al modelo de su concepto original de ligereza.

Aquella experiencia demostró que una mayor potencia del motor no siempre se traduce en un mejor producto. Mazda prefirió mantener la esencia del modelo, basando su rendimiento en la agilidad y no en la fuerza bruta… y lo cierto es que esa decisión a toro pasado ha sido todo un acierto, ¿no crees?

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