Prueba: BMW X1 25d xDrive (diseño, habitáculo, mecánica)

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Lo normal al ir a analizar una nueva generación de un modelo es buscar todos los cambios estéticos, de habitáculo, mecánicos y tecnológicos que trae con respecto a su predecesor. En el caso del BMW X1, no merece la pena este procedimiento, porque básicamente es un coche totalmente nuevo que ha heredado la nomenclatura del anterior, al que supera en todos los aspectos.

He de decir que hasta la aparición hace menos de un año de esta nueva generación, el BMW X1 era el último modelo de la firma alemana que escogería para mi garaje, pero tras probar el nuevo X1 la situación ha cambiado hasta el punto de considerarlo una de las opciones más atractivas del segmento.

Para nuestra prueba hemos contado con la versión 25d xDrive, una motorización diésel de tracción total, que con 231 CV iguala en potencia a la versión de 25i de gasolina y se coloca en un escalón prestacional donde no encuentra rival entre sus competidores directos con motores de gasóleo.

A lo largo de esta prueba, que como siempre dividiremos en dos entregas, conoceremos todos los detalles de esta nueva apuesta de BMW que nos ha dejado un gran sabor de boca.

Diseño

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El punto fuerte de la nueva generación de X1 se encuentra en su aspecto exterior, que deja atrás una línea impersonal y se decanta por  que le sienta de maravilla.

El frontal adopta el lenguaje de diseño de las últimas creaciones de la marca, y ahora cuenta con una mirada mucho más característica gracias al diseño de las ópticas principales. El musculado paragolpes se completa con una sobredimensionada calandra dividida, característica de BMW, y unos faros antiniebla elevados similares a los de sus hermanos mayores.

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Sus dimensiones varían bastante con respecto al modelo que sustituye. Ahora es 2 cm más corto, 3 cm más ancho y 5 cm más alto. Sus dimensiones se quedan en 4,43 metros de largo, 1,82 metros de ancho y 1,59 metros de alto. La distancia entre ejes es de 2,76 metros.

El dinamismo también se traslada a la zona lateral, donde sus marcadas nervaduras en la carrocería y sus cortos voladizos contribuyen a una imagen sólida y deportiva al mismo tiempo. Los generosos pasos de rueda se rellenan con unas llantas de cinco palos dobles que forman parte del acabado “Sport”, y que montan neumáticos con medida 225/50/R18.

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La zona trasera también ha mejorado su aspecto, y ahora muestra unos estilizados pilotos con tecnología LED que se funde con la línea ascendente que recorre el lateral. El conjunto se remata con una doble salida de escape dispuesta a ambos lados de un difusor esculpido que acapara buena parte de la atención.

Habitáculo

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El habitáculo no es sorprendente, básicamente porque sigue los mismos trazos que la mayoría de modelos de BMW, tanto por diseño como por ubicación de todos sus elementos. La nota distintiva de esta nueva generación es un salto cualitativo que se aprecia tanto en la elección de materiales como en todos los ajustes, que rozan la perfección.

El puesto de conducción es bueno en líneas generales, pero tiene un par de detalles que ensombrecen el resultado final; los cinturones no son regulables en altura y me rozaban el cuello si regulaba el asiento a su posición más baja. Además, la zona baja del cuadro de instrumentos cuenta con una pantalla a color que por su ubicación queda parcialmente tapada por el volante y hay que levantar la cabeza para verla completa.

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Los asientos deportivos, junto con el sistema multimedia, son los elementos que más me han gustado del interior. Se adaptan perfectamente al contorno del cuerpo y lo recogen de forma excepcional en las curvas. Tienen multitud de reglajes eléctricos entre los que se encuentra el que adapta el lateral del respaldo en función de nuestra anchura, una solución que BMW lleva muchos años implantando y que siempre me ha parecido una genial solución.

Cuenta con multitud de huecos en los que dejar nuestros objetos personales; en las puertas, delante de la palanca de cambios y bajo el reposabrazos. El volante multifunción tiene una docena de botones desde los que manejar el ordenador de a bordo, el sistema de audio, el control por voz y el control de crucero adaptativo. Requiere un pequeño proceso de aprendizaje tras el cual se le saca un gran partido.

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El sistema multimedia, que como he dicho antes es uno de los platos fuertes de su interior, se divide entre una generosa pantalla de 8,8 pulgadas que corona el salpicadero y un mando giratorio situado en la consola central desde el que se maneja el sistema de forma sencilla e intuitiva. La superficie del mando es táctil y permite introducir caracteres a mano alzada y realizar operaciones mediante pequeños movimientos.

La segunda fila de asientos ha ganado espacio para las rodillas, y es perfecta para acomodar a dos adultos en sus plazas exteriores. La central, como suele ser habitual es incómoda por la configuración del asiento, por el espacio para los hombros en caso de que haya tres ocupantes y por el voluminoso túnel central con el que tendrán que lidiar los pies de su ocupante. El techo solar panorámico ofrece un plus de luminosidad y sensación de espacio muy agradable desde las plazas traseras.

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La banqueta se puede desplazas longitudinalmente para dar más  espacio al maletero, y los respaldos de los asientos delanteros cuentan con unas bandejas plegables de plástico cuyo ajuste da sensación de mala calidad.

El maletero tiene una capacidad de 505 litros -81 más que el anterior X1- en un espacio de formas regulares muy aprovechables. Bajo la tablilla hay un doble fondo en el que guardar objetos pequeños de forma ordenada. Si abatimos los asientos posteriores –que permiten hacerlo en tres partes- aumentaremos el tamaño hasta los 1.550 litros.

Mecánica

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La segunda generación del BMW X1 trae como novedad una gama de motores de tres y cuatro cilindros dispuestos de forma transversal y un sistema de tracción que puede ser a las ruedas delanteras o total.

Nosotros nos hemos puesto al volante de la versión 25d xDrive, que cuenta con un bloque de aluminio turboalimentado de 4 cilindros y 2 litros que proporciona una potencia de 231 CV a 4.400 RPM y un Par motor de nada menos que 450 Nm. Homologa un consumo mixto de 5 litros por cada 100 Km.

La tracción es a las cuatro ruedas –única opción con esta motorización- y empuja al X1 hasta los 100 Km/h en tan solo 6,6 segundos, alcanzando una velocidad máxima de 235 Km/h. La transmisión corre a cargo de una caja de cambios automática de 8  velocidades que es un ejemplo de suavidad y precisión.

La suspensión es independiente en las cuatro ruedas y cuenta con barra estabilizadora en ambos ejes. La dirección, de asistencia eléctrica da un excelente resultado en situaciones exigentes, pero resulta demasiado dura cuando realizamos maniobras de aparcamiento en ciudad.

En la segunda parte de la prueba analizaremos en profundidad el comportamiento de todos estos componentes mecánicos, y exprimiremos a fondo las capacidades de un propulsor capaz de sacar los colores a muchos coches de configuración mucho más deportiva. ¡No te la pierdas¡

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