Prueba: Infiniti Q50 2.2d GT (equipamiento, comportamiento, conclusión)

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Seguimos analizando el Q50, la berlina con la que Infiniti ha sentado las bases para empezar a consolidarse en el mercado europeo. Aún queda mucho camino por recorrer, empezando por ampliar sus puntos de venta, pero es innegable que el trabajo realizado hasta el momento va en la dirección correcta.

En la primera parte de la prueba, hablamos sobre aspectos tales como el diseño, el habitáculo y la mecánica montada en este coche tan especial. Os recuerdo que hasta el momento sólo está disponible en dos versiones, una diésel de 170 CV –la que hemos probado-, y una híbrida de 364 CV.

En esta segunda entrega abordaremos aspectos como el equipamiento incluido en los distintos niveles de acabados, así como el precio de venta en nuestro país, comparándolo con el de sus rivales más directos.

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No faltará la parte en la que nos ponemos al volante para mostrarte de primera mano cual es el comportamiento que arroja toda la combinación mecánica que Infiniti ha puesto sobre la mesa para conquistar al mercado europeo.

Equipamiento

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La mecánica diésel de 2,2 litros y 170 CV parte de los 34.900 euros para su versión más básica y cambio manual, que se puede complementar escogiendo los acabados GT –el de la unidad de pruebas-, GT Premium y GT Sport, ordenados de menor a mayor equipamiento –y precio-. El cambio automático tiene un sobrecoste de 2.625 euros.

La versión básica cuenta de serie con elementos como el stop&start, dirección asistida variable en función de la velocidad, control de crucero, indicador de presión de los neumáticos, asistente de arranque en pendiente, llantas de acero de 17 pulgadas con tapacubos –sin comentarios-, faros antiniebla, pintura autorreparable, climatizador dual, cámara trasera, bluetooth, volante multifunción de cuero, asientos combinados tela-piel, etcétera.

Por 38.850 euros tenemos el acabado GT –versión probada-, que añade a lo anterior las llantas de aleación de 17 pulgadas, faros de xenón con tecnología LED y navegador.

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Un escalón por encima tenemos en acabado GT Premium, que por un precio de 42.250 añade sensores de aparcamiento delanteros y traseros, sensor de lluvia, espejo interior antideslumbramiento, asientos de cuero –calefactables los delanteros-, asientos traseros abatibles al 60/40, etcétera.

Como versión tope de gama tenemos a la GT Sport, con un precio de 46.150 euros, que incluye elementos como la dirección con sistema adaptativo, control de carril activo -ALC-, suspensión sport, control de presión de neumáticos con monitor individual, llantas de aleación de 19 pulgadas, retrovisores exteriores plegables eléctricamente, paragolpes sport, llave I-key con acceso inteligente y memoria, iluminación de bienvenida, sistema de audio BOSE con 14 altavoces, columna de dirección con ajuste eléctrico, pedales y terminaciones en aluminio, etcétera.

El equipamiento es completo, y va acorde con el precio de las distintas versiones, salvo ciertos elementos que a mi parecer deberían incluirse de serie desde la versión GT, tales como el espejo interior antiideslumbramiento, el sensor de lluvia o los retrovisores exteriores con plegado eléctrico.

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En el apartado de seguridad, todas las versiones vienen equipadas con 6 airbags: delanteros, laterales y de cortina –no incluye el de rodillas en ninguna versión-, reposacabezas activos, ABS, sistema electrónico de reparto de frenada –EBD-, sistema de control de tracción –TCS-, sistema electrónico de control de trayectoria –VDC– y asistente de frenada.

Con un precio de partida de 34.900 euros, el Q50 se posiciona como una buena opción dentro del segmento de berlinas Premium. Con respecto a sus rivales directos, El Mercedes Clase C –recién renovado-, parte de los 39.450 euros -220 BlueTEC 170 CV-, el Audi A4 parte de los 36.470 euros -2.0 TDI de 177 CV-, el BMW Serie 3 parte de los 35.000 euros -320d Efficient Dynamics de 163 CV-.

Comportamiento

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Si has leído la primera parte de la prueba, habrás visto datos como el mal tacto de la palanca de cambios o el alto peso del conjunto –1.723 Kg-, que a priori nos podrían hacer pensar que su comportamiento y prestaciones no estarían a la altura de las expectativas. Pero no es así.

Cierto es que los recorridos de la palanca de cambios tienen un amplio margen de mejora, pero ahí es donde acaban los puntos negativos al volante del Q50. Desde Infiniti se ha hecho un gran trabajo en la puesta a punto del chasis de esta berlina, que da como resultado una agilidad impensable para su envergadura.

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La aceleración no es impresionante –8,7 segundos en el 0 a 100-, pero es compensada con un gran paso por curva, que gracias a las asistencias electrónicas de control de tracción y trayectoria, hacen que incluso manos inexpertas puedan disfrutar de grandes sensaciones al volante.

La suspensión consigue un perfecto compromiso entre confort y comportamiento, y juega un papel muy importante en la dinámica de esta berlina de 4,79 metros de largo. No tiene un tacto deportivo como tal, pero si se le exige, responde sin problema, transmitiendo una gran sensación de seguridad.

Mención especial merece el sistema de frenado. Los discos de 320 mm en el eje delantero y 308 mm en el trasero responden de forma rápida y eficaz a nuestros requerimientos. Además, la sensibilidad del pedal nos permite dosificar muy bien la potencia de frenado, incluso en situaciones comprometidas.

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La dirección es directa, y se complementa a la perfección con el resto de elementos mecánicos del Q50. A través de los menús del “Infiniti in Touch” podemos configurar  su respuesta y dureza, adaptándose a los deseos de cada conductor y situación, un elemento que me ha convencido en su funcionamiento.

La duración de la prueba no me ha permitido hacer un análisis exhaustivo de los consumos del coche, pero como dato decir que tras tres días conduciéndolo, sin cuidar en ningún momento el consumo, el ordenador de a bordo marcaba una media de 6,4 litros a los 100. Una cifra nada descabellada si tenemos en cuenta la potencia y peso del Q50.

Conclusión

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Estamos ante un coche que ha venido a Europa para quedarse. Su bonito diseño, calidad de materiales y ajustes, y un gran comportamiento, lo colocan en las posiciones más altas del ranking de berlinas Premium, todo ello a un precio competitivo.

Por otro lado se aprecia cierto grado de inmadurez en ciertos detalles como el cambio manual o los niveles de equipamiento. No digo que esté peor equipado que sus rivales, que no lo está, pero se ha metido a jugar a un campo donde sus contrincantes son huesos muy duros de roer, y la oferta debería ser más llamativa si quiere robarles una buena porción de su fiel clientela.

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Un punto muy positivo que corre a su favor es la novedad; sus líneas están poco vistas, y llaman mucho la atención a pie de calle. Ese punto de exclusividad seguro que es valorado por muchos compradores.

Si tuviera que escoger una berlina Premium a día de hoy, el Infiniti seguro que entraría dentro del bombo de los posibles por méritos propios, eso sí, con cambio automático.

Lo mejor:
– Diseño
– Acabados interiores
– Comportamiento

Lo peor:
– Tacto del cambio manual
– Lagunas de equipamiento
– Sonoridad a ralentí

 Prueba: Infiniti Q50 2.2d GT

Fotos: |aemese22|

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