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Prueba: Infiniti Q50 2.2d GT (diseño, habitáculo, mecánica)

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Hoy retomamos nuestra sección de pruebas con el análisis de una de las berlinas más interesantes del panorama actual. Infiniti quiere hacerse un hueco en el mercado europeo de berlinas Premium y su apuesta para lograrlo es el Q50.

Es un vehículo que se ha confeccionado teniendo en cuenta el gusto del viejo continente, pero donde no faltan los guiños asiáticos que delatan su procedencia.

En la actualidad se comercializa en dos versiones: una híbrida con 365 CV de potencia y una diésel de 170 CV –objeto de nuestra prueba-, aunque no se descarta la llegada de una versión más picante denominada Eau Rouge, todavía por confirmar.

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Sus rivales directos son el tridente alemán compuesto por el Mercedes Clase C, El Audi A4 y el BMW Serie 3, todos ellos muy asentados en el mercado. Tampoco hay que olvidarse de Lexus con su recién renovado IS, que ha venido con ganas de dar guerra. ¿Qué nos ofrece el Q50 para destacar entre los más destacados?

Diseño

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El diseño del Q50 es una de sus mayores bazas a la hora de decantarse o no por él. Su bonita línea es el resultado de trazos fluidos, que se vuelven musculosos en ciertos puntos para crear una sensación de tensión que se aprecia desde cualquier ángulo.

Su parte frontal es quizá la más atractiva, con una gran parrilla a modo de nariz que sirve como punto de partida a unas marcadas nervaduras que recorren el capó hasta fundirse con el primero de los pilares y definir la silueta del coche.

Bajo la parrilla se encuentra una rejilla inferior, a cuyos extremos se ubican los faros antiniebla y una tira de intermitentes. Los faros delanteros, de aspecto rasgado, son los que consiguen dar la imagen agresiva que el Infiniti busca en su delantera, y que como no podía ser de otra manera, incorporan xenón y luces diurnas de LED.

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En la vista lateral es donde nos damos cuenta de las grandes dimensiones del Q50, está esculpida con la misma filosofía que la parte delantera, y nos deja la imagen de una cabina de pasajeros retrasada, en parte por lo largo del capó. El techo tiene una suave caída hasta la zaga, y resuelve muy bien la unión entre el segundo y tercer volumen.

Las llantas de aleación son de 17 pulgadas y con un diseño muy acertado, que combinan con los cromados de los tiradores de las puertas y el situado en el el pilar C.

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Ya en la trasera, el primer sitio hacia donde se nos va la mirada es a las dos colas de escape redondas, dispuestas una a cada lado de la carrocería y que le da un aspecto muy deportivo. Esta zona del Q50 apuesta por un diseño horizontal, que comienza en unos grandes pilotos, unidos por una tira cromada con el nombre de la compañía.

Hay que reconocer que el color escogido para nuestra unidad de pruebas –Venetian Rubí– le hace un gran favor a las líneas de este coche. Las dimensiones totales son 4,79 metros de largo, 1,82 metros de ancho y 1,44 metros de alto, con una gran batalla de 2,85 metros.

Habitáculo

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El exterior nos da paso a un habitáculo que no se conforma con el espacio y la practicidad, sino que busca la excelencia a base de diseño, buenos materiales y mejores ajustes. Han apostado por soluciones innovadoras que abren un nuevo abanico de posibilidades de personalización y control.

El puesto de conducción es excelente, comenzando por unos asientos envolventes y confortables que en esta versión -GT- combinan la tela y el cuero a partes casi iguales. El volante de cuero y tres radios incorpora multitud de controles para evitar que el conductor tenga que apartar la vista de la carretera.

El cuadro de instrumentos es completo, con dos esferas que corresponden con la velocidad y las revoluciones, y una pantalla central a color que aglutina buena parte de la información del ordenador de a bordo.

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Pero la verdadera novedad la encontramos en el salpicadero, donde Infiniti ha apostado por la instalación de dos pantallas táctiles, una superior de 8 pulgadas, y otra inferior de 7.

La superior muestra el mapa del navegador con una gran resolución, mientras que la inferior, de un diseño y tacto similar al de las tablets, nos permite navegar por un extenso menú –denominado Infiniti in Touch– desde el que configurar, entre otros, el sistema multimedia, el climatizador y varios parámetros del vehículo. Me ha llamado la atención la incorporación de un medidor de fuerzas G, al que no he encontrado utilidad, pero que me ha resultado muy vistoso.

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En la consola central encontramos un selector circular con tres botones, que sirve para moverse entre los menús disponibles, así como un botón con las siglas “DRIVE MODE” que permiten seleccionar entre tres modos de conducción: standard, sport y personalizado. Bajo la tapa central se encuentran dos tomas de USB, un auxiliar y una entrada de vídeo.

La calidad percibida es muy alta, y todos los controles tienen un tacto a la altura de lo esperado. He echado en falta ciertos elementos como el retrovisor interior anti-deslumbramiento, el freno de mano eléctrico o el sensor de lluvia, que no deberían faltar en un coche de este precio y características.

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Las plazas traseras son buenas tanto en altura como en espacio para las rodillas, aunque no tanto como el exterior nos hace pensar a primera vista. Como de costumbre las dos plazas laterales son las más usables, mientras que la central no ofrece mucha comodidad, tanto por la configuración del asiento como por el voluminoso túnel central con el que tendrán que lidiar los pies de su ocupante.

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El maletero cubica unos respetables 500 litros, aunque con un aprovechamiento limitado debido a lo caprichoso de sus formas, que se van estrechando cuanto más profundizamos en él. La tapa del maletero sólo se acciona desde el mando a distancia y desde un botón situado junto al volante, y su apertura no dispone de ningún automatismo, con el que si cuentan alguno de sus rivales.

Mecánica

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El Q50 que hemos sometido a prueba es el primer Infiniti en equipar una mecánica diésel de cuatro cilindros, todo un acierto por parte de la marca que sin duda alguna va a llevarse el grueso de las ventas en nuestro país.

El bloque de 2,2 litros es de origen Mercedes-Benz, y deriva del montado en las Clases C y E y que da un muy buen resultado. Ofrece una potencia de 170 CV a 4000 RPM y un Par de 400 Nm entre las 1.600 y las 2.800 RPM. Acelera de 0 a 100 en 8,7 segundos y tiene una velocidad máxima de 231 KM/H. Homologa un consumo combinado de 4,8 litros a los 100.

Sus prestaciones son buenas, aunque no brillantes, en parte por el excesivo peso del conjunto, que para la báscula en 1.723 Kg, 230 Kg más que un BMW 320d.

La dirección es de asistencia electro-hidráulica, dejando la electrónica de sistema adaptativo -que prescinde de conexión mecánica entre volante y dirección- para las versiones más equipadas.

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La caja de cambios es manual de seis velocidades, y es el elemento que peor sabor de boca me ha dejado de toda la prueba. Vibra en exceso, y su accionamiento es torpe debido a unos malos recorridos –especialmente el de la marcha atrás-, y a una tremenda holgura de la palanca, aún con las marchas engranadas, impropia de un coche de este calibre.

El sobreprecio de la caja de cambios automática es elevado –2.625 euros en este acabado-, pero recomendable no por buena, que lo desconozco, sino por las deficiencias de la manual.

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En la segunda parte de la prueba nos pondremos al volante de este Q50 para que sepas de primera mano las sensaciones que transmite. No faltará el análisis al equipamiento y precio de sus distintas versiones en España, comparado con el de sus rivales más directos, y una extensa galería de fotos para que aprecies sus detalles.

Enlace: Segunda parte de la prueba: equipamiento, comportamiento, conclusión

Fotos: |aemese22|

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  • Javier Verdes

    Gracias por el comentario, me alegro de que te haya gustado la prueba. Con respecto al navegador, lo cierto es que no pude profundizar mucho en el sistema multimedia, ya que la duración de la prueba no me lo permitió, y preferí dedicar el tiempo a otros aspectos más básicos. En breve publicaremos la segunda parte, ¡espero que te guste!