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Prueba: Skoda Yeti Outdoor 2.0 TDI 110 CV (diseño, habitáculo, mecánica)

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El año pasado, coincidiendo con el ecuador de la vida comercial del Skoda Yeti, la firma checa decidió realizar un restyling para poner al día la estética, motorizaciones y equipamiento de este todocamino compacto, que está a la venta desde hace algunos meses.

Tras su puesta al día, el Yeti sigue fiel a sus principios, siendo un modelo cómodo y versátil, con prácticas soluciones que facilitan su uso en el día a día. Un coche que se ha propuesto convertirse en un vehículo apto para cualquier circunstancia y terreno.

Sus rivales potenciales, por tamaño y configuración son, entre otros, el Peugeot 2008, el Renault Captur y el Suzuki S-Cross, cada uno con una personalidad bien diferente, pero enfocados a un mismo nicho de mercado.

Para nuestra prueba hemos contado con la versión diésel de 110 CV y cambio manual de cinco velocidades, que envía su potencia únicamente al eje delantero. Es una versión ahorradora, que ve mermadas sus capacidades fuera del asfalto a cambio de ofrecer un precio de venta y unos consumos más contenidos.

A lo largo de esta prueba, que te haremos llegar en dos entregas intentaremos trasladarte todos los detalles de este Yeti Outdoor, nacido para satisfacer a los que a la hora de comprar un coche buscan un todo en uno.

Diseño

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El primer apartado de la prueba es precisamente en el que peor se defiende el Yeti. Su carrocería ha sido diseñada, como si de una furgoneta se tratase, buscando el máximo espacio interior, lo que sin duda va en contra de sus proporciones y estética exteriores.

Sus dimensiones son 4,22 metros de largo, 1,79 metros de ancho y 1,69 metros de alto. La distancia entre ejes es de 2,57 metros.

Es un coche anguloso y alto, que salva un poco la estética gracias al look aventurero que le confieren los añadidos de la versión Outdoor y las bonitas llantas de aleación. Los podemos encontrar en las protecciones de ambas defensas y el faldón lateral, que presentan piezas de protección de plástico. Otros elementos que nos indican estar ante la versión campera del Yeti son la suspensión elevada y las barras longitudinales colocadas en el techo.

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El frontal es el lugar donde más cambios apreciamos tras su restyling. Los faros antiniebla han abandonado su posición junto a las ópticas principales, y ahora están situados en la parte baja del paragolpes, en un lugar más convencional. Este cambio estético hace que el Yeti tome el nuevo lenguaje de diseño de la marca, pero en mi opinión la nueva configuración le hace perder bastante personalidad.

El capó tiene un diseño muy esculpido, con líneas longitudinales que confieren al Yeti cierta apariencia musculosa. En la vista lateral son protagonistas los enormes pasos de rueda, que en nuestra unidad estaban ocupados por unas llantas de 17 pulgadas y neumáticos de asfalto en medida 225/50.

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El Yeti da la sensación de tener una gran superficie acristalada, gracias a que los pilares van pintados en negro brillo, a excepción del pilar B, que toma prestado el color de la carrocería para resaltar su peculiar diseño. Las barras longitudinales del techo tienen un acabado en color gris.

La parte trasera, de diseño totalmente vertical, incluye unos discretos pilotos –que ahora pueden escogerse con tecnología LED por 165 euros-, y un enorme portón para acceder al maletero, que resulta demasiado voluminoso y pesado a la hora de cerrarlo. En la parte baja del paragolpes, un gran difusor de color gris da paso a una discreta salida de escape doble.

Habitáculo

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La carrocería alta y angulosa da paso a un habitáculo en el que la funcionalidad está presente en cada uno de los rincones. Su espacioso interior está plagado de soluciones que consiguen convertirlo en un modelo muy versátil, al estilo de un monovolumen compacto.

Los asientos delanteros son cómodos y recogen bien el cuerpo. El puesto de conducción es agradable, aunque la posición del asiento, volante y pedales hace que no sea fácil encontrar la postura ideal. Desde esa posición encontramos que tanto el volante como el resto de controles son similares a los del resto de vehículos del grupo Volkswagen.

El cuadro de instrumentos de doble esfera incluye una pantalla monocromo de fácil lectura que nos ofrece información relativa al ordenador de a bordo, teléfono y equipo multimedia. Éste último se controla desde una pantalla táctil a color situada en el centro del salpicadero, que presenta un diseño de menús atractivo e intuitivo.

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La zona delantera presenta multitud de huecos portaobjetos, en las puertas, junto a la palanca de cambios y en lo alto del salpicadero. Las plazas traseras también cuentan con huecos en las puertas y en el asiento central, que se puede abatir para convertirse en un cómodo reposabrazos con posavasos incluido.

La segunda fila de asientos es donde se empieza a apreciar la versatilidad del vehículo, con tres butacas independientes que cuentan con el sistema VarioFlex, que consiste en que los tres se pueden plegar, recoger e incluso extraer del coche de forma independiente en función de nuestras necesidades de espacio. Los exteriores se pueden desplazar longitudinalmente en caso de que necesitemos espacio extra para el maletero.

En las plazas traseras hay hueco de sobra tanto para las rodillas como para la cabeza, con la única pega de que la zona es algo estrecha para que tres adultos viajen con comodidad, y que el ocupante de la plaza central deberá lidiar con un voluminoso túnel central a la hora de colocar los pies.

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El maletero tiene una capacidad que varía entre los 405 y los 510 litros, en función de la posición de la segunda fila de asientos, que se pueden convertir en 1.580 litros si prescindimos de ellos. El espacio dedicado al maletero es excelente, no solo por amplitud, sino porque lo han dotado de todo un arsenal de soluciones prácticas “Simply Clever” –redes, ganchos, linterna extraíble, cesta de plástico- que hacen que transportar carga sea un juego de niños.

Mecánica

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La unidad cedida para la prueba contaba con el conocido propulsor turbodiésel de dos litros del grupo Volkswagen, de cuatro cilindros en línea dispuestos transversalmente, que ofrece una potencia de 110 CV a 4.200 RPM y un Par motor de 250 Nm entre las 1.500 y las 2.500 RPM.

La potencia es transmitida al eje delantero a través de una caja de cambios manual de cinco velocidades. Tiene una aceleración de 0 a 100 en 11,6 segundos y alcanza una velocidad máxima de 177 km/h, todo ello con un consumo mixto homologado de 5,1 litros a los 100.

Cuenta con frenos de disco en las cuatro ruedas, y sistema de suspensión independiente en ambos ejes en toda la gama de motores, algo que sin duda se hace notar en su manejo, que analizaremos en la segunda entrega de la prueba.

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En esa segunda parte de mañana nos centraremos en su comportamiento en todas las situaciones en las que lo hemos puesto a prueba, para comprobar si su estética campera tiene su reflejo cuando nos aventuramos por caminos lejos del asfalto.

No faltará el análisis a sus distintos niveles de equipamiento y precios, donde podremos ver lo que nos ofrece este peculiar modelo plagado de sorpresas, ¡no te la pierdas!

Enlace: segunda parte de la prueba (equipamiento, comportamiento, conclusión)

Fotos: |Catt|

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