El Nissan Skyline GT-R de la generación R33 a menudo ha vivido a la sombra de sus hermanos por diferentes razones, pero el Nismo 400R rompe cualquier prejuicio establecido. Concebido como un tributo de calle al modelo que compitió en las 24 Horas de Le Mans, esta joya de la ingeniería japonesa representa el culmen del rendimiento de los años 90 y una de las piezas más raras del coleccionismo actual.
El corazón de esta bestia es el motor RBX-GT2, una evolución del legendario RB26DETT llevada hasta los 2,8 litros por los especialistas de REINIK, responsables de los motores de competición de la época. Con una entrega de 405 CV y un par máximo de 470 Nm, este bloque permite estirar las marchas hasta las 9.000 rpm. Gracias a sus nuevos turbos N1, un escape de titanio y un sistema de propulsión optimizado, el 400R firma el 0 a 100 km/h en apenas 4 segundos y alcanza una velocidad punta de 300 km/h, cifras que incluso hoy resultan imponentes.

No se trata solo de potencia bruta; Nismo tomó como base el acabado V-Spec y añadió un arsenal de componentes de alto nivel para mejorar la dinámica. Destaca su árbol de transmisión de carbono, un embrague de doble disco y una suspensión firmada por Bilstein con muelles específicos de Nismo. El contacto con el asfalto queda a cargo de unas exclusivas llantas Rays de tres piezas, que se alojan bajo una carrocería ensanchada con elementos de Kevlar y carbono integrados en el capó para reducir el peso y mejorar la refrigeración.
La exclusividad de este coche es otro factor que dispara su valor en el mercado internacional. Aunque la marca planeó inicialmente una tirada de 100 unidades, finalmente solo se ensamblaron 44 ejemplares, de los cuales apenas 40 han sido verificados oficialmente por los registros de la marca. Esto lo sitúa como una de las variantes más difíciles de localizar, superando la mística de casi cualquier otra edición especial del Skyline.

El ejemplar que saldrá a subasta es el número 8 de la serie y luce un impecable color blanco QM1 con sus correspondientes vinilos laterales. Con solo 16.316 kilómetros recorridos, su estado de conservación es excepcional, manteniendo detalles tan singulares como los relojes auxiliares ocultos en la guantera o el interruptor de corte de seguridad en amarillo brillante sobre el salpicadero. Tras pasar la mayor parte de su vida en Japón, esta unidad cruzó el charco recientemente para aterrizar en una colección privada en Estados Unidos.
La casa Broad Arrow Auctions será la encargada de buscarle un nuevo hogar durante la cita de Amelia Island en marzo. Las estimaciones sitúan su precio final entre los 900.000 y los 1,1 millones de dólares, así que si tienes dinero de sobra… ¡a por él!






















