Bugatti restaura un Veyron único en el mundo que parece un espejo sobre ruedas: tiene 1.200 CV y Fernando Alonso lo ha conducido por Mónaco

Bugatti ha restaurado un Veyron Grand Sport Vitesse único, reconocible por su carrocería de aluminio pulido sin pintar, con un acabado que refleja su entorno como un espejo. El ejemplar, identificado con el chasis 8.100, ha recuperado su configuración original tras pasar por el programa de patrimonio La Maison Pur Sang.
El roadster fue creado por encargo en 2014 y su aspecto exigió un proceso de fabricación poco habitual. Para dar forma a la carrocería, Bugatti recibió en sus instalaciones de Molsheim, Francia, bloques de aluminio de hasta 20 toneladas. El resultado prescinde de la pintura convencional y deja a la vista el metal, convertido en el elemento más característico del coche.
La elección de este acabado fue fruto de estudios de diseño centrados en las proporciones, las superficies y la forma en que la luz incide sobre ellas. Durante su construcción, la marca documentó cada fase del trabajo para preservar la historia del vehículo. Más de una década después, el Veyron regresó al mismo lugar en el que había tomado forma.

La intervención incluyó una revisión para certificar su autenticidad, trabajos de restauración y la retirada de elementos de personalización incorporados con posterioridad. El objetivo no era crear una interpretación diferente del coche, sino recuperar las especificaciones con las que salió originalmente del taller. El chasis 8.100 ya ha obtenido la certificación La Maison Pur Sang, con la que Bugatti verifica la procedencia y autenticidad de sus vehículos.
El habitáculo mantiene el contraste que definió este encargo. Frente al plateado de la carrocería, el cuero Rojo Carmíncubre buena parte del interior, acompañado de fibra de carbono a la vista, aluminio pulido y detalles realizados artesanalmente. La combinación de materiales se extiende a elementos como la consola central y el volante, mientras que el logotipo de Bugatti aparece entre los asientos.

Tras los dos asientos permanece el motor W16 de 8,0 litros con cuatro turbocompresores, capaz de desarrollar 1.200 CV y 1.500 Nm de par. El Grand Sport Vitesse alcanzó en 2013 una velocidad máxima de 408,84 km/h, registro que lo convirtió entonces en el descapotable de producción más rápido. Esa cifra sería superada en 2024 por el Bugatti Mistral, con 453,91 km/h.
Tras finalizar la restauración, el ejemplar ha pasado a la colección de un nuevo propietario en la Costa Azul. Bugatti no ha revelado su identidad, aunque Fernando Alonso ha sido grabado conduciendo este Veyron por las calles de Mónaco. Las imágenes acreditan que se ha puesto al volante, pero no permiten confirmar que el piloto español sea su dueño.
Con esta intervención, La Maison Pur Sang ha recuperado uno de los 450 Veyron fabricados, respetando tanto su singular acabado de aluminio como la configuración original de este ejemplar único.











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