Motor, competición y nuevos lanzamientos

Francia va a por los coches diésel: ¿Un anticipo de lo que veremos aquí?

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La contaminación es un problema con cada vez mayor relevancia en las principales capitales de cada país, especialmente económico, por las sanciones que vienen impuestas desde la Unión Europea por el marco legislativo existente que limita este aspecto (sin olvidarnos tampoco de las muertes prematuras ocasionadas por las partículas finas). El elevado tráfico es el principal causante, y por ello, muchas ciudades están comenzando a adoptar medidas de todo tipo para limitarlo y por ende reducir la contaminación.

Pero evidentemente, es un tema delicado de tratar para que no suponga un disparo en la pierna electoralmente hablando, y que por otra parte, se procure satisfacer las necesidades de una amplia parte de la población, siempre teniendo en cuenta que deben de tener presente el problema creciente y solidarizarse en poner una solución necesaria.

Francia quiere tomar medidas ahora para mitigar la contaminación y las emisiones cancerígenas, atacando en primer lugar al diésel a nivel de transporte privado de pasajeros. Ha sido el propio primer ministro Manuel Valls quien ha anunciado esta ofensiva contra el diésel, donde en la actualidad, en Francia, el 80% de conductores llevan vehículos diésel, debido a que durante los últimos 30 años se ha incentivado el uso de este combustible en los automóviles. Y por ello, quieren hacer un cambio radical para invertir la tendencia de forma paulatina. Para que te hagas una idea, en España, que ya de por sí contamos con un elevado número de coches diésel en nuestro parque automovilístico, los coches diésel cuentan con una cuota del 67,4% del total del parque.

La primera medida para reducir la dependencia del diésel es reducir la ventaja fiscal del mismo frente a la gasolina. Por ello, el precio del litro de diésel sumará 2 céntimos, algo que supondrá un ingreso adicional de 807 millones de euros a las arcas públicas para el año 2015. Otra de las medidas pasa por un sistema de identificación de coches que los clasifica en función de las emisiones contaminantes, para de esta forma, a diferencia de la solución que proponen en otras ciudades, donde se limita el acceso a los residentes, en este caso se limitaría el acceso a zonas céntricas de la ciudad los vehículos más contaminantes (que en este caso, abarcaría a ambos combustibles, diésel y gasolina).

Finalmente, otra de las medidas pasa por incentivar el reemplazo de dichos coches diésel con ayudas económicas en caso de se reemplace un diésel con más de trece años de antigüedad por un eléctrico, con ayudas que pueden llegar hasta los 10.000 euros en algunos casos.

 

 

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