Motor, competición y nuevos lanzamientos

Prueba: Subaru Outback Diésel Lineartronic (diseño, habitáculo, mecánica)

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Hace ahora dos décadas que en Subaru apostaron por el lanzamiento del Outback, un vehículo muy particular considerado el precursor de lo que hoy conocemos como crossover.

Su mezcla de estilos, a medio camino entre un familiar deportivo y un SUV le permiten presumir de una versatilidad al alcance de sólo unos pocos. Su motor bóxer de cilindros horizontalmente opuestos y su tracción permanente a las cuatro ruedas ponen la guinda al pastel.

Hemos probado la versión diésel de 150 CV con el cambio automático Lineartronic, opción muy demandada por sus clientes, y que desde el año pasado está disponible, por primera vez, combinada con el bloque de gasóleo.

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Sus principales rivales son el Volkswagen Passat Alltrack, el Volvo XC70 y el Peugeot 508 RXH, sin olvidarnos de la gama Allroad de Audi, con el A6 como máximo exponente.

En esta primera entrega de la prueba profundizaremos en aspectos como el diseño, el habitáculo, y la mecánica que se esconde bajo la peculiar carrocería de este Subaru y que lo hace un vehículo muy especial.

Diseño

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Empezamos por el apartado en el que quizá el Outback parta con mayor desventaja con respecto a sus competidores. Sus líneas son algo veteranas, y eso resta frescura a un conjunto en el que predomina lo funcional, por encima de lo estético.

No obstante, es precisamente la imagen robusta la que atrae a muchos de sus clientes, que siguen fieles a una estética que ha perdurado a lo largo de los años y de sus cuatro generaciones.

Junto a la evolución mecánica del pasado año, también vinieron sutiles cambios estéticos en la carrocería e interiores, que mejoran de forma muy tímida la imagen del Outback.

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En la vista frontal es donde más se aprecian los cambios aportados en el restyling que recibió el año pasado. El paragolpes, de nuevo diseño, recibe unos faros antiniebla redondos de mayores dimensiones, tiene un detalle en gris en el labio inferior y  la calandra es cromada. Sobre el capó no falta la clásica entrada de aire, que sirve para distinguirlo del modelo de gasolina.

De lado apreciamos las llantas de 17 pulgadas –225/60/17-, calzadas con neumáticos mixtos Yokohama. No falta el detalle en gris bajo las puertas, a juego con el frontal y que también aparece en la trasera, a modo de difusor. Es la vista en la que más se evidencia la longevidad del diseño.

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En la zaga no hay variaciones respecto a la “anterior generación”. Tiene un gran portón, que facilita enormemente las labores de carga, aunque resulta demasiado pesado cuando queremos cerrarlo. Los pilotos son de grandes dimensiones, y están unidos por una tira cromada dispuesta horizontalmente sobre la placa de matrícula.

Habitáculo

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Antes de entrar a valorar el interior, me gustaría hacer una mención especial al perfecto ajuste de las puertas, que cierran con un tacto y sonido perfectos, detalle que siempre denota calidad en la construcción.

El habitáculo es, junto con el comportamiento, el punto fuerte del Outback. Sus grandes dimensiones exteriores –4,79 metros de largo, 1,82 metros de ancho y 1,60 metros de alto-, se traducen en un amplio y agradable espacio pensado para la comodidad de todos sus ocupantes.

El puesto de conducción es realmente bueno, ligeramente elevado con respecto a una berlina, pero sin llegar a la altura de un SUV que le haría perder sensaciones deportivas. La visibilidad es excelente, gracias a las grandes superficies acristaladas.

El volante tiene un tamaño y tacto agradable, con múltiples botones con los que manejar el equipo multimedia, el control de velocidad y los ajustes del vehículo. Todos los mandos están situados al alcance del conductor.

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La información se divide en tres zonas, la principal es la pantalla táctil situada en el salpicadero, encontramos otra en el cuadro de instrumentos y por último un pequeño display situado en la parte más alta del salpicadero.

Las dos primeras son de buena calidad y están bien situadas, lo que hace totalmente prescindible el display superior, que aparte de dar una imagen algo antigua, no es el mejor sitio para proyectar cierta información, como por ejemplo el consumo.

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El salpicadero tiene buenos ajustes, y su diseño vertical aumenta la sensación de espacio en las plazas delanteras, que cuentan con una gran anchura. Hay multitud de huecos portaobjetos repartidos por toda la parte delantera, y el del reposabrazos incluye una segunda toma de 12v y las conexiones de USB y AUX.

Las plazas traseras son realmente cómodas, sea cual sea la altura de sus ocupantes, tanto en altura como en espacio para  las piernas. Los respaldos se pueden inclinar en varias posiciones para un mayor confort. Como pega cabe destacar la ausencia de salidas de climatización específicas para esas plazas.

En capacidad de carga saca una gran nota. Sus 526 litros, dispuestos en un espacio totalmente plano y solidario a la boca de carga lo hacen muy aprovechable. Si se nos queda corto podemos abatir los asientos posteriores en una configuración 60/40, gracias a unos cómodos tiradores situados a ambos lados del maletero.

Bajo el suelo se encuentra un doble fondo donde guardar objetos como los triángulos o el kit reparador de pinchazos. Se echa de menos una rueda de repuesto convencional, sobre todo en un vehículo con capacidades off-road.

Mecánica

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Llegamos al punto fuerte de la prueba, y es que Subaru ha diseñado un conjunto mecánico que hace que se defienda en todas las circunstancias; es cómodo en carretera, ágil en las maniobras y con buenas formas fuera del asfalto, ¿qué más se puede pedir?

El bloque motor es el conocido bóxer de 4 cilindros, que ofrece una potencia de 150 CV a 3.600 RPM y un Par de 350 Nm entre las 1.600 y las 2.400 RPM. Acelera de 0 a 100 en 9,7 segundos y alcanza una velocidad punta de 195 KM/H. Homologa un consumo medio de 6,3 litros a los 100.

A él se une por primera vez una caja de cambios automática de variador continuo –CVT– que se convierte en el complemento ideal a la mecánica diésel, por comodidad y suavidad de marcha.

El cambio dispone de un modo secuencial –controlado desde las levas del volante-, que permite seleccionar entre siete relaciones prefijadas y le da un toque más deportivo. El modo secuencial está limitado, y si por ejemplo se intenta una reducción fuerte con ayuda del cambio, el sistema no lo permite, emitiendo un pitido para avisar de la restricción.

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El Outback  dispone de tracción total en todas sus versiones, denominada Simmetrical AWD, que ha sido afinada en esta versión para actuar junto al cambio automático. Su funcionamiento es realmente bueno, y en conjunción con las cuidadas suspensiones hacen que este mastodonte de 1.624 Kg se mueva con una insólita agilidad.

En la segunda parte de la prueba conduciremos el Outback sobre toda clase de situaciones y superficies para mostrarte de lo que es capaz todo este arsenal mecánico.

También conoceremos su precio y equipamiento en las distintas versiones en que se ofrece para que puedas compararlo con sus rivales directos.

Enlace: segunda parte de la prueba (equipamiento, comportamiento, conclusión)

Fotos: |Catt|

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