La Administración de Donald Trump, a través de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), ha ejecutado un giro histórico en la normativa de emisiones que impacta directamente en el equipamiento de los coches nuevos. Al eliminar los incentivos para el sistema start-stop, el gobierno estadounidense abre la puerta a que esta tecnología, omnipresente pero cuestionada, deje de ser un estándar en el mercado norteamericano. Esta decisión se enmarca en la derogación del «hallazgo de peligro» de 2009, un pilar legal de la era Obama que permitía regular los gases de efecto invernadero bajo criterios científicos estrictos.
El centro del debate técnico es la función de arranque y parada automática, diseñada para apagar el motor de combustión cuando el vehículo se detiene y reiniciarlo al soltar el freno. Aunque la industria sostiene que este sistema puede mejorar la eficiencia de combustible entre un 7% y un 26% en entornos urbanos, la EPA lo ha calificado oficialmente como una tecnología casi universalmente odiada. El argumento político es que muchos conductores la consideran molesta por las vibraciones al reanudar la marcha y por la necesidad de desactivarla manualmente en cada trayecto.
Hasta ahora, los fabricantes adoptaban este sistema de forma masiva para obtener los denominados créditos fuera de ciclo. Estos incentivos permitían a las marcas cumplir con los estándares de emisiones mediante tecnologías cuyo ahorro no siempre se reflejaba con exactitud en las pruebas de laboratorio. Sin embargo, el administrador de la EPA, Lee Zeldin, defiende que estas reducciones eran cuestionables y que las empresas no deben recibir trofeos por incorporar soluciones que encarecen el producto sin aportar beneficios proporcionales.
El impacto económico es una de las bazas principales de la reforma. Con un precio medio del vehículo nuevo en Estados Unidos situado en los 50.000 dólares (unos 42.000 euros al cambio actual), el Gobierno sostiene que la desregulación permitirá un ahorro medio de 2.400 dólares por coche (unos 2.000 euros al cambio actual). Esta reducción de costes vendría derivada de eliminar la obligación de instalar componentes reforzados, como baterías de mayor capacidad y motores de arranque diseñados para ciclos intensivos, que según algunos expertos técnicos, son propensos a sufrir averías a medio plazo.
Pese a este movimiento, el sistema start-stop no desaparecerá de la noche a mañana. Muchas marcas diseñan sus plataformas para un mercado global y, mientras la Unión Europea o Asia mantengan exigencias ambientales elevadas, resulta costoso simplificar las gamas solo para un país. No obstante, en modelos de combustión tradicional sin sistema de propulsión híbrido, es muy probable que veamos un retroceso inmediato de esta función.