El gigante chino Geely ha acordado la compra de las instalaciones de Body 3 en la factoría de Ford en Almussafes para ensamblar sus propios vehículos. El principal candidato para inaugurar estas líneas de montaje es el Geely E2, un SUV compacto que llegará con varias opciones de electrificación. Esta operación apuntala el futuro industrial de la planta valenciana y marca un hito en la implantación técnica de los fabricantes asiáticos en Europa.
La adquisición traspasa a manos chinas la nave más moderna y robotizada del complejo valenciano, una estructura levantada hace más de una década y destinada inicialmente a la producción de modelos hoy desaparecidos, como el Mondeo, el Galaxy y el S-Max. Mientras la marca estadounidense mantendrá el ensamblaje de su Kuga en las áreas de Body 1 y Body 2, Geely operará de forma independiente en sus nuevas líneas. Este movimiento logístico permite al consorcio asiático esquivar el gravamen aduanero del 28,8 por ciento sobre los coches eléctricos importados y acelerar su entrada directa en el mercado continental.
A nivel técnico, el punto fuerte del acuerdo reside en la implantación de la plataforma GEA (Global Intelligent Electric Architecture). El modelo perfilado para estrenar esta base estructural en España es el Geely E2, denominado bajo el código interno 135. Las proporciones de este SUV lo sitúan en el mercado con sus 4,13 metros de longitud. Su variante de cero emisiones aterrizará respaldada por un motor de 114 CV y una batería de tecnología LFP con 39,4 kWh de capacidad, un conjunto que logra homologar 325 kilómetros de autonomía bajo el ciclo WLTP.
La flexibilidad técnica de la nave de ensamblaje permitirá que este coche no se limite a una única configuración. El proyecto de producción contempla el desarrollo de versiones multienergía que abarcan sistemas de propulsión híbridos autorrecargables y variantes híbridas enchufables. Además, el esquema operativo supone que la corporación matriz de firmas como Volvo, Polestar o Lotus también actuará como proveedora directa para Ford. Así, se aprovechará la misma arquitectura modular para fabricar una segunda silueta bajo el emblema de la compañía norteamericana, optimizando los costes de ingeniería de ambas entidades.
El impacto de este modelo, que superó las 465.000 entregas en su mercado natal tras su lanzamiento comercial, será determinante para la recuperación de la factoría. El centro cerró su último ejercicio por debajo de los 100.000 vehículos, muy lejos del tope de 450.000 unidades de sus mejores años. Sumando el volumen previsto para el nuevo modelo oriental y la próxima generación del Kuga, las instalaciones aspiran a rebasar la barrera de las 300.000 unidades anuales, asegurando el futuro laboral de los más de 4.000 empleados actualmente afectados por situaciones de ERTE.