Maranello ha vuelto a abrir las puertas de su departamento Special Projects para dar vida al Ferrari HC25, un coche único encargado por un cliente que busca la máxima exclusividad. Este espectacular roadster aprovecha la base técnica del ya desaparecido F8 Spider para proponer un diseño que sirve de puente hacia el futuro estético de la firma italiana. Se trata de una pieza de colección que combina la última evolución del motor de ocho cilindros sin hibridación con un lenguaje visual inspirado en los nuevos buques insignia de la marca.
El proyecto, que ha requerido dos años de colaboración estrecha con el Centro Stile Ferrari, se ha presentado oficialmente en el Circuit of the Americas de Austin. Aunque utiliza el chasis de aluminio de su predecesor, el HC25 se desmarca con unas proporciones más agresivas y estilizadas: es 147 mm más largo, 27 mm más ancho y se sitúa 23 mm más cerca del suelo que el modelo de serie. Su silueta busca reinterpretar los códigos de los descapotables de motor central trasero, adelantando rasgos que ya empezamos a ver en los recientes F80 y 12Cilindri.

Visualmente, el coche destaca por una banda negra tridimensional que recorre la carrocería de forma horizontal, dividiendo el volumen y acentuando la musculatura de los pasos de rueda traseros. En el frontal, unos faros LED de diseño exclusivo se acompañan de luces diurnas en forma de bumerán que se extienden por el parachoques, mientras que los tiradores de las puertas se integran en una sutil lámina de aluminio mecanizado. El conjunto se remata con una pintura Moonlight Grey mate y llantas de 20 pulgadas con acabado de corte de diamante, donde las pinzas de freno amarillas aportan el toque de contraste necesario.
Bajo su piel late el último sistema de propulsión V8 de la marca sin ningún tipo de asistencia eléctrica. El bloque de 3.9 litros biturbo entrega 720 CV y un par máximo de 770 Nm, gestionados por una caja de cambios de doble embrague con siete marchas que envía toda la fuerza al eje posterior. Las prestaciones son de infarto: detiene el crono en el 0 a 100 km/h en solo 2,9 segundos, alcanza los 200 km/h en 8,2 segundos y es capaz de firmar una velocidad punta de 340 km/h, manteniendo la pureza de un motor térmico que estira hasta las 8.000 vueltas.

En el habitáculo, Ferrari ha preferido no realizar una revolución tecnológica para mantener el enfoque de conducción clásica. Se conserva la estructura del F8, lo que garantiza un cuentarrevoluciones analógico central y un volante multifunción plagado de mandos físicos, renunciando a las superficies táctiles de los modelos más modernos. La personalización se centra en los materiales, con una tapicería en tejido técnico gris y detalles gráficos en amarillo que replican los motivos exteriores, logrando una atmósfera deportiva y sofisticada que no descuida la practicidad de sus 200 litros de maletero.
Este tercer «one-off» basado en la plataforma del F8 llega sin un precio oficial declarado, aunque la exclusividad de estos encargos a medida suele traducirse en facturas de varios millones de euros. Con el HC25, la marca del Cavallino Rampante no solo satisface el deseo de un coleccionista, sino que rinde un homenaje final a una configuración mecánica legendaria antes de abrazar por completo la era de la electrificación.


















