Jensen vuelve a fabricar un coche propio con el Interceptor GTX, un superdeportivo concebido para circuito que recupera uno de los nombres históricos de la firma británica. Su principal argumento es un V8 sobrealimentado de 6,8 litros y 960 CV, aunque la configuración más extrema puede superar los 1.200 CV.
El nuevo modelo nace bajo Jensen International Automotive, cuya actividad reciente se había centrado principalmente en restaurar y modernizar coches clásicos y realizar proyectos por encargo. El Interceptor GTX cambia ese planteamiento con un vehículo desarrollado por la propia compañía y que, además, servirá como punto de partida para una futura variante homologada para carretera.
Su construcción responde claramente a ese enfoque de circuito. La carrocería está realizada a mano en aluminio y se apoya sobre una estructura que combina este material con fibra de carbono, mientras que el chasis recurre a elementos de aluminio extruido. La aerodinámica tampoco intenta disimular sus intenciones, con un enorme alerón posterior, faldones laterales y un splitter delantero de carbono.

La parte mecánica está protagonizada por un V8 de 6,8 litros con compresor basado en el propulsor empleado por el Chevrolet Corvette ZR1 C7. Jensen asegura que apenas conserva un 20% del motor original tras las modificaciones realizadas. En su configuración estándar entrega 960 CV, pero existen modificaciones que permiten llevar la potencia por encima de los 1.200 CV.
Toda esa potencia llega exclusivamente a las ruedas traseras mediante una caja secuencial de seis relaciones, que puede manejarse desde una gran palanca central o mediante levas situadas detrás del volante. La suspensión utiliza un esquema de doble horquilla en las cuatro ruedas y amortiguadores regulables, mientras que AP Racing firma el equipo de frenos, con pinzas delanteras de seis pistones.
El habitáculo continúa con la misma filosofía. Jensen sustituye el vidrio de las ventanillas por policarbonato, instala asientos de fibra de carbono con arneses, depósito de combustible de competición y una jaula antivuelco homologada por la FIA. Las llantas son de 20 pulgadas y el conjunto prescinde de cualquier planteamiento orientado al confort propio de un Gran Turismo convencional.
Eso debería cambiar con el futuro Interceptor de carretera. Jensen pretende recuperar para él el concepto de Gran Turismo de lujo y cuatro plazas, manteniendo detalles inspirados en el modelo clásico como la forma de la luneta trasera, el pilar C y unos pilotos reinterpretados mediante tecnología LED. Incluso se contempla la posibilidad de utilizar una transmisión automática.
Por ahora, el GTX es la declaración más clara del regreso de Jensen como fabricante. No se han anunciado fechas para la producción del Interceptor de calle, mientras que el modelo de circuito se mueve en cifras aproximadas de entre 850.000 y 950.000 libras.




















