El gigante tecnológico CATL ha desarrollado la arquitectura «One Shell, Two Cells«, una carcasa única que permite combinar celdas de litio y de sodio sin alterar sus dimensiones exteriores. Este avance busca solucionar la pérdida de rendimiento que sufren los vehículos eléctricos tradicionales en climas de frío extremo. La propuesta promete transformar la gestión de flotas y las redes de intercambio de energía.
La gran novedad de este sistema de propulsión radica en su flexibilidad técnica, ya que permite usar distintas químicas según el mercado sin rediseñar el chasis ni los sistemas térmicos del coche. Gracias a este diseño, un mismo modelo puede equipar celdas de sodio en regiones con temperaturas de hasta 25 grados bajo cero y optar por el litio en zonas templadas. La tecnología sitúa al sodio como un aliado complementario para optimizar la eficiencia global.
Físicamente, la plataforma utiliza un caparazón estandarizado que mantiene idénticas proporciones. Esto facilita que redes de intercambio de baterías como EVOGO o la firma Nio puedan instalar estos paquetes en zonas gélidas utilizando sus estaciones habituales. En el plano técnico, las futuras generaciones de estas celdas de sodio apuntan a una autonomía de 600 kilómetros con una sola carga, un rendimiento que las posicionará frente a las configuraciones básicas de litio ferrofosfato.

Más allá de la resistencia térmica, donde las baterías convencionales pierden hasta un 40% de su capacidad útil en invierno y duplican sus tiempos de espera de recarga, el sodio destaca por su durabilidad. Los últimos desarrollos industriales confirman que esta tecnología alcanza los 15.000 ciclos de carga y descarga. Este hito técnico equivale a una vida útil cercana a los 20 años en servicios de alta utilización, muy superior a la del litio tradicional.
Para asegurar la viabilidad comercial, los proveedores chinos están sustituyendo los ánodos tradicionales por alternativas sintéticas de resina y carbón local. Se prevé que la producción en masa reduzca los costes de estos materiales sintéticos hasta una estimación de entre 4.800 y 5.500 euros por tonelada en 2026, con la meta de caer por debajo de los 3.400 euros futuros. Así, el sodio abandona la fase experimental para integrarse a gran escala.