Jaguar Land Rover y Stellantis han abierto la puerta a una colaboración que podría desembocar en uno de los Defender más inesperados hasta la fecha: un todoterreno desarrollado para Estados Unidos y apoyado en la arquitectura de largueros y travesaños del Jeep Wrangler. Por ahora no existe un proyecto definitivo, pero ambas compañías firmaron en mayo un memorando de entendimiento no vinculante para estudiar productos y tecnologías conjuntos.
El punto de partida es especialmente importante para JLR. Norteamérica representó 120.279 unidades en el ejercicio FY24/25, aproximadamente un 28% de sus ventas mundiales, y en el trimestre siguiente su peso alcanzó el 34%. Sin embargo, todos los coches que comercializa allí son importados: los Range Rover llegan principalmente desde Reino Unido y el Defender se fabrica en Nitra, Eslovaquia.
Esta dependencia exterior expone a la compañía a los aranceles. Los modelos británicos soportan un gravamen del 10%, mientras que los procedentes de la Unión Europea, incluido el Defender eslovaco, están sujetos a un 15%. Industrializar en Estados Unidos el Defender actual tampoco parece una solución eficiente según la información aportada, ya que JLR vende aproximadamente 30.000 unidades anuales del modelo en ese país.

La alternativa estudiada pasa por desarrollar nuevos miembros de la familia Defender específicamente orientados al mercado estadounidense y fabricarlos localmente aprovechando la capacidad industrial de Stellantis. JLR ya ha confirmado que Defender será el centro de esta colaboración y que pretende explorar productos que amplíen la gama más allá de los actuales 90, 110 y 130, que seguirán produciéndose en Eslovaquia.
Ahí entra Jeep. Stellantis dispone de la arquitectura de largueros y travesaños utilizada por el Wrangler, una base que podría servir para un nuevo Defender de planteamiento más tradicional. Automotive News Europe sitúa esta posibilidad dentro de las opciones de la colaboración, aunque todavía no existe confirmación de que ese modelo concreto vaya a recibir luz verde.
La fórmula permitiría mantener carrocería, diseño, puesta a punto y posicionamiento propios de Land Rover mientras se comparte parte de la ingeniería y de los medios productivos de Jeep. También supondría regresar a una construcción diferente de la arquitectura monocasco del Defender actual y fabricar el coche directamente en Estados Unidos.
Antes de que ese escenario se materialice quedan pasos decisivos. El memorando debe convertirse primero en un acuerdo vinculante y después ambas compañías tendrán que concretar qué vehículos desarrollarán, dónde se producirán y qué tecnologías compartirán. Por ahora, lo confirmado es que Defender está en el centro de las conversaciones entre JLR y Stellantis; la posibilidad de encontrar un Wrangler bajo uno de sus futuros modelos sigue siendo, todavía, una opción en estudio.