Tras años apostando por la digitalización casi total de los interiores, la marca alemana ha confirmado un cambio de rumbo en el diseño de sus habitáculos. Aunque los próximos modelos conservarán las inmensas superficies táctiles que dominan el salpicadero, el entorno del conductor volverá a contar con mandos analógicos tradicionales, siguiendo ya la estela de otras marcas que también han dado marcha atrás en este sentido. Esta decisión responde a las peticiones de los usuarios, que demandan un manejo directo para las funciones clave del coche.
Durante la última década, la industria ha vivido una clara transición desde las botoneras convencionales hacia paneles que rivalizan en tamaño con una tableta. Mercedes-Benz ha sido partícipe de esta tendencia, midiendo frecuentemente el atractivo de sus habitáculos en pulgadas de pantallas. Sin embargo, el fabricante reconoce ahora que esta evolución ha encontrado cierta resistencia. Según Mathias Geisen, responsable de ventas de la compañía, las clínicas de investigación con clientes han arrojado un veredicto rotundo: los conductores aprecian el despliegue visual, pero exigen controles físicos para operar funcionalidades específicas de forma rápida.
El primer paso de esta rectificación tecnológica ya es visible. Tras escuchar las quejas de los compradores durante los últimos dos años acerca de que las superficies táctiles en los volantes simplemente no funcionaban para ellos, la firma ha empezado a reintroducir ruedas de desplazamiento mecánico en lugar de los mandos hápticos deslizantes. Esta vuelta a lo analógico no se quedará solo en el mando de dirección, ya que la estrategia pasa por integrar una mayor cantidad de interruptores clásicos en los futuros lanzamientos para garantizar un acceso más práctico y natural.
A pesar de este retorno al tacto físico, muy presente también en el segmento del gran lujo, la firma no reducirá el tamaño de sus áreas digitales. A diferencia de competidores como Volkswagen o Audi, que han empezado a instalar monitores más pequeños tras las críticas de su clientela, modelos como el Clase C o el GLC seguirán luciendo la inmensa configuración Hyperscreen, diseñada para abarcar toda la longitud del salpicadero. La compañía considera que estos paneles gigantes son imprescindibles para exhibir su artesanía digital y mantener su posicionamiento premium.
La marca busca fusionar la calidad de los materiales con un software altamente configurable. Geisen compara este planteamiento con la evolución de los teléfonos móviles, argumentando que el hardware se mantiene estable mientras que la verdadera diferenciación se produce en el interior del sistema. Gracias a resoluciones altísimas y pantallas que rondan el metro de anchura, las familias pueden crear su propia atmósfera en el habitáculo personalizando fondos o incluso añadiendo fotografías, logrando que el coche ofrezca una experiencia digital única.
Vía: Autocar