La gama del Toyota Land Cruiser estrena una nueva versión de acceso denominada GX que reduce drásticamente el coste de entrada al modelo. Con una rebaja de unos 20.000 euros respecto a las variantes ya conocidas, esta configuración acerca el mítico todoterreno japonés a un público más amplio mediante un planteamiento estético y de equipamiento mucho más esencial.
Hasta la llegada de este acabado, adquirir el todoterreno suponía un desembolso de 87.750 euros, una tarifa que lo posicionaba casi como un vehículo de lujo inalcanzable para muchos aficionados a la conducción 4×4. Ahora, la estructura comercial se reorganiza con la incorporación del Land Cruiser GX por 67.650 euros, situándose justo por debajo de los niveles VX y VX-L. Este movimiento amplía los clientes potenciales, dejando como únicos sobrecostes opcionales el paquete de siete plazas con climatizador bizona y colores de carrocería como el Blanco Classic o el Bronce Maroc frente al Negro Eclipse que se ofrece de serie.
Para lograr este ajuste en la factura final, la marca no ha aplicado recortes bajo el capó. El vehículo mantiene el bloque diésel de cuatro cilindros y 2,8 litros que desarrolla unas cifras inalteradas de 204 CV y 500 Nm de par máximo. Este sistema de propulsión se apoya en un esquema eléctrico ligero que le otorga la preciada etiqueta ECO de la DGT, aunque su consumo homologado se establece en los 10,4 litros cada 100 kilómetros, dejando claro que no busca los registros de ahorro de otros híbridos del fabricante.

Visualmente, la carrocería adopta una postura centrada en la robustez y la funcionalidad más clásica. El frontal destaca por sus faros cuadrados escoltados por prominentes protecciones de plástico negro, un material sin pintar que cubre de forma íntegra los paragolpes, los bajos laterales y toda la zona trasera. En la vista lateral, el coche prescinde de los cristales traseros oscurecidos y del techo solar, asentándose sobre unas llantas de 18 pulgadas de diseño mucho más básico que refuerzan su enfoque práctico.
El habitáculo también refleja este planteamiento de acceso mediante la sustitución de la tapicería de cuero por unas superficies de tela negra más cotidianas. El entorno digital del conductor se simplifica con un cuadro de mandos cuadrado de proporciones modestas y una pantalla central táctil que reduce su tamaño a las 9 pulgadas. En términos de equipamiento diario, el modelo pierde de fábrica el detector de ángulo muerto, los sensores de aparcamiento traseros y la cámara de visión de 360 grados.
En la parte ciclo, los ajustes afectan principalmente a las soluciones más avanzadas para circular fuera del asfalto, ya que se prescinde del sistema Multi-Terrain y su selector de modos, así como de la barra estabilizadora delantera desconectable. Pese a estas ausencias, conserva una base mecánica plenamente solvente gracias a la integración del bloqueo del diferencial trasero, el control de descenso, el asistente de arranque en pendiente y el sistema Crawl Control para avanzar a muy baja velocidad en zonas complicadas.